#WWG26 | Cartier convierte el tiempo en una ilusión de diamantes y laca negra

El nuevo Myst de Cartier parece un brazalete de cuentas preciosas. Solo al mirarlo de cerca se descubre que, entre sus volúmenes de oro y diamantes, late un reloj.

Myst de Cartier parte de una ilusión visual muy simple: hacer que un reloj parezca otra cosa. En Watches and Wonders 2026, Cartier lleva esa lógica a la muñeca con una pieza que primero se lee como joya y solo después como reloj.

Sin embargo, en esta pieza la ilusión no ocurre en una fachada ni en un lienzo. Ocurre en un reloj que parece brazalete de cuentas ensartadas. Tampoco tiene cierre visible. Sus módulos de oro, diamantes y laca negra se deslizan sobre la muñeca como un accesorio continuo. Solo al detenerse aparece una carátula cuadrada con pavé de diamantes y marco de ónix negro. El tiempo está ahí, pero no quiere ser lo primero que se note.

Es un reloj que prefiere parecer joya. Y lo consigue. La carátula no domina la composición. Mide apenas 19.7 x 15.4 mm. Lleva un cristal abombado que sigue la curvatura del brazalete y un único índice triangular a las 12. Por eso, el misterio no está en una complicación mecánica, sino en la forma del objeto. Cartier responde con un brazalete, un reloj y un adorno a la vez.

Un reloj que se lee como talismán

Hay algo en el Myst de Cartier que remite al amuleto antes que al reloj. Sus módulos repetidos, dispuestos simétricamente a ambos lados de la carátula, recuerdan esas formas que se portan directamente sobre el cuerpo y cuya fuerza está en la repetición. Aquí esa lógica se traduce en oro, diamantes, laca negra y una presencia casi ritual. Antes de sentirse mecánicos, esos módulos se sienten simbólicos.

Myst de Cartier recupera esa estructura con una simetría muy precisa. Se alternan secciones con pavé de diamantes y secciones con líneas de laca negra aplicadas a mano. Las piedras están engastadas con la técnica de cuatro granos, que usa tamaños distintos para crear perspectiva. Además, el conjunto se desliza sobre la muñeca sin broche ni pasador. El resultado es un objeto que se porta con una intención casi ritual.

Esa voluntad escultórica tiene un antecedente concreto dentro de Cartier. En los años 30, bajo la dirección creativa de Jeanne Toussaint, la casa empujó varias de sus joyas hacia formas más volumétricas y móviles. Pierre Rainero, actual director de imagen, estilo y patrimonio, dice que Myst sigue los pasos de aquellos relojes joya. Además, esa tradición de Cartier de cruzar joyería y relojería apareció también este año en el Baignoire con motivo Clou de Paris, otra pieza presentada en Watches and Wonders 2026.

la técnica detrás de la ilusión

El efecto visual de Myst de Cartier no es accidental. Por el contrario, depende de una construcción que requirió largas horas de investigación. El brazalete es articulado y elástico. Las secciones lacadas y las secciones con pavé están ensartadas sobre una estructura flexible. De hecho, eso permite que el reloj se deslice por la mano sin necesidad de cierre. Solo crear la arquitectura del engaste toma 30 horas de trabajo.

La laca negra fue aplicada a mano, una por una. Un artesano de la Maison des Métiers d’Art —el centro de oficios artesanales de Cartier en Suiza— se encarga de ese proceso. Así, el contraste entre el negro de la laca y el brillo del pavé da al reloj su carácter gráfico. Mientras tanto, las curvas alternas y el ónix del marco refuerzan la simetría de cada módulo.

Cartier presenta dos versiones. La de oro amarillo lleva 634 diamantes talla brillante, que suman 6.13 quilates en caja y brazalete. Su carátula tiene 47 diamantes en engaste nieve y un marco de ónix negro. La de oro blanco prescinde de la laca y cubre toda la estructura con 986 diamantes, equivalentes a 9.17 quilates. En esa versión monocromática, las curvas aparecen y desaparecen según el ángulo de visión. Ambas tienen movimiento de cuarzo, grosor de 9.9 mm y resistencia al agua de 30 metros.

En una temporada donde muchos relojes compiten por llamar la atención, Myst de Cartier elige el camino contrario. Esconde la hora dentro de una escultura portátil y deja que el ojo tarde un poco más en entender lo que tiene enfrente.

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