Antes de que cualquier sensor digital midiera los latidos del corazón, ya existía una escala capaz de hacerlo con una aguja y atención. Se llama pulsómetro. Es una graduación impresa en la carátula de un cronógrafo. Funciona de manera sencilla: se activa el cronógrafo, se cuentan 15 o 30 latidos y luego se detiene la aguja. El número al que apunta indica las pulsaciones por minuto. Sin batería, sin conexión Bluetooth, sin app. Así funciona la escala que el NORQAIN Wild ONE Skeleton Chrono acaba de recuperar.
La escala apareció en relojes de bolsillo hacia finales del siglo XIX. Luego se popularizó en las muñecas de médicos y enfermeras durante las décadas de 1920 y 1930. Entonces era tecnología de punta. Hoy, rodeada de pantallas y sensores, parecería una reliquia. Pero NORQAIN decidió tratarla como una herramienta vigente y la puso en el centro de su nuevo NORQAIN Wild ONE Skeleton Chrono.
NORQAIN Wild ONE Skeleton Chrono: más de 25 componentes para un cronógrafo que se ve por dentro
El NORQAIN Wild ONE Skeleton Chrono es la nueva pieza presentada en Watches and Wonders Geneva 2026. Mide 42 mm. Sin embargo, lo que llama la atención no es el tamaño sino la arquitectura. Una jaula exterior de NORTEQ® envuelve un núcleo amortiguador de caucho y un contenedor de titanio arenado. NORTEQ® es una fibra de carbono desarrollada en exclusiva para la marca, seis veces más ligera que el acero. En total, más de 25 componentes diseñados para absorber impactos de hasta 5,000 g. Es decir, un reloj pensado para resistir lo que la muñeca de un atleta le exija.
Por dentro late el calibre manufactura NORQAIN 8K (NK24/1). Es un cronógrafo automático con función flyback. Esa complicación permite reiniciar la medición con un solo botón, sin detener y volver a cero manualmente. También integra rueda de pilares, un mecanismo que hace que los pulsadores respondan con mayor suavidad. Además, tiene certificación de cronómetro y 62 horas de reserva de marcha.
El gesto de diseño más claro está en lo que desaparece. En lugar de subesferas tradicionales con manecillas, NORQAIN colocó discos transparentes ultrafinos. Estos flotan sobre el movimiento esqueletizado para indicar los segundos continuos y los minutos del cronógrafo. Así la vista atraviesa la carátula hasta llegar al motivo de montaña grabado en la platina. Por otro lado, alrededor del borde, la escala pulsométrica completa la vocación atlética del reloj.
Una marca de ocho años que compite sin apellido corporativo
El NORQAIN Wild ONE Skeleton Chrono se lanza en tres versiones. La edición estándar lleva NORTEQ® negro con detalles turquesa y correa de caucho negra. También ofrece una correa turquesa adicional. La segunda versión viene en NORTEQ® burdeos con detalles blancos, limitada a 400 piezas. Por último, la tercera es una edición especial de 75 unidades. Lleva placa superior en oro rojo de 18 quilates 5N, abastecido de forma responsable por PX Group, socio suizo de la marca.
Para entender de dónde sale un reloj así hay que mirar a la marca detrás. NORQAIN fue fundada en 2018 por Ben Küffer, quien dejó un puesto corporativo en Breitling cuando la casa fue vendida a un fondo de inversión. Su objetivo fue crear una relojera suiza independiente y familiar. En pocos años cerró una alianza exclusiva con Kenissi, la manufactura detrás de Tudor y CHANEL. También desarrolló un calibre cronógrafo con Manufacture AMT. Además, sumó como asesor a Jean-Claude Biver, una de las figuras más influyentes de la relojería suiza. Hoy vende más de 10,000 relojes al año en unos 50 países.
La campaña de lanzamiento del NORQAIN Wild ONE Skeleton Chrono reúne a tres figuras que ayudan a leer esa postura. Stan Wawrinka, leyenda del tenis suizo y ganador de tres torneos de Grand Slam, está en su última temporada profesional. Gianluigi Buffon es el portero italiano campeón del mundo con más de dos décadas de carrera. Sydney Schertenleib, futbolista suiza del FC Barcelona, representa una generación más joven. Wawrinka y Buffon también son socios de negocio de la marca. Mientras, Schertenleib funciona como el puente hacia el presente deportivo que NORQAIN quiere ocupar. No heredó un legado de siglos. Sino que está construyendo el suyo a la velocidad que le permite ser independiente.