Con el nuevo Happy Hearts de Chopard, Caroline Scheufele apuesta por algo que la moda lleva meses confirmando: el regreso de la mezclilla como código de lujo. Veamos algunos ejemplos. En su primer desfile Métiers d’art para Chanel, el director creativo Matthieu Blazy hizo un debut que incluyó jeans hechos de organza de seda que parecían mezclilla real. La imagen se volvió viral y confirmó algo que la moda venía susurrando: en 2026, la mezclilla dejaría de ser el tejido de lo casual para convertirse en material de lujo.
Las pasarelas de primavera lo confirmaron. Bottega Veneta, Stella McCartney y la propia Chanel usaron la mezclilla como punto de partida. Al mismo tiempo, la imagen de Carolyn Bessette-Kennedy —figura recurrente cuando se habla de lujo discreto, con sus jeans impecables, camisetas básicas y cero exceso— volvió a circular con fuerza. Que Chopard elija justo ahora una correa de mezclilla para su nuevo Happy Hearts no es un capricho estético sino la misma lógica que llevó a Scheufele, en 1993, a mezclar diamantes con acero cuando nadie lo había intentado.
Corazones que se mueven, nácar que cambia de coloR
El concepto de los diamantes móviles de Chopard tiene un origen que pocas personas conocen. En 1976, el diseñador Ronald Kurowski caminaba por la Selva Negra alemana cuando vio cómo los rayos de sol rebotaban sobre una cascada y las gotas brillaban con colores de arcoíris. Quiso reproducir ese efecto en un reloj: diamantes sueltos, atrapados entre dos cristales de zafiro, que se movieran con cada gesto de la muñeca. Cuando Karin Scheufele —madre de Caroline— vio el primer prototipo terminado, dijo: “Los diamantes son más felices cuando son libres.” La frase bautizó la colección entera, Happy Diamonds, y cinco décadas después, ese principio sigue vivo en cada pieza de la familia Happy Sport y Happy Hearts.
Este Happy Hearts mide 33 milímetros, lleva una caja de Lucent Steel, el acero propio de la marca fabricado con un 80% de material reciclado. La carátula es de nácar y sobre ella se mueven dos corazones y tres diamantes. De los corazones, uno es de nácar blanco y el otro tiene un degradado que va del rosa pálido al violeta, logrado también en nácar tratado para ese efecto de acuarela. Ambos están hechos en oro blanco ético de 18 quilates. Por dentro late el calibre Chopard 09.01-C, un movimiento automático diseñado y ensamblado en los talleres de la marca en Fleurier, Suiza que aporta 42 horas de reserva de marcha. El fondo transparente deja ver el acabado en rayas de Ginebra del rotor, un detalle que normalmente se reserva para piezas de gama más alta.
Un reloj que nació para llevarse con jeans
La correa de mezclilla azul es, deliberadamente, lo opuesto a lo que esperarías en un reloj con carátula de nácar y diamantes. Pero ese contraste tiene historia. El Happy Sport nació en 1993 con una premisa que parecía absurda: combinar acero con diamantes en un reloj femenino. El jefe de taller le apostó a Caroline Scheufele que no vendería ni uno y le ofreció una rosa por cada pieza vendida. Terminó regalándole un rosal entero. La idea era crear un reloj que una mujer pudiera llevar del gimnasio a una cena sin tener que cambiarlo. Hoy, la colección acumula cientos de variaciones.
Para quien busca una buena pieza con manufactura suiza, Happy Hearts ofrece trazabilidad ética, movimiento automático y un look que va igual con jeans que con vestido de noche. Que es, al final, exactamente lo que Scheufele imaginó hace tres décadas: un reloj que no te obligue a cambiarte para la ocasión.