Para viajar a Medellín más allá del recorrido obvio, hay que moverse entre barrios, mesas, oficios y montaña. La ciudad se entiende mejor cuando se camina, se come sin prisa y se escucha lo que pasa en sus calles. Para leerla desde esa cercanía, conversamos con Ana María López Acosta, Secretaria de Turismo y Entretenimiento de Medellín. Desde su mirada, el lujo de la ciudad está en la hospitalidad paisa, en los encuentros cotidianos y en una vida local que se revela sin protocolo.
TDR Woman: Para quien planea viajar a Medellín pronto, ¿qué barrios o zonas recomiendas caminar para conocer la ciudad más allá del primer circuito turístico?
AMLA: Una buena puerta de entrada es Perpetuo Socorro. Es un recorrido que puede hacerse caminando o en bicicleta, ideal para una mañana o una tarde. Lo más interesante es empezar por sus calles principales, donde todavía se sienten las huellas industriales en las bodegas y estructuras antiguas, pero ahora llenas de color, murales y espacios creativos. Durante el camino, vale la pena entrar a algún espacio de arte o diseño, hacer una pausa para comer, tomar café o probar una cerveza artesanal. Si hay programación, también se puede cerrar con una feria, mercado creativo o evento del distrito.
También vale dedicarle tiempo a Laureles, un barrio con una vida local muy marcada. La ruta puede empezar por la avenida Jardín y los alrededores del primer y segundo parque, entre cafés, heladerías y panaderías de barrio. Después puede seguir hacia la carrera 70, donde se mezclan deporte, bares tradicionales, música y cultura popular. Es una zona para caminar sin prisa y entender otra forma de encuentro en la ciudad.
TDR Woman: Medellín no siempre se asocia con el tango, pero Manrique cuenta otra historia. ¿Cómo se vive hoy esa relación entre música, barrio y memoria?
AMLA: En Medellín, y especialmente en Manrique, el tango se volvió parte de la memoria sentimental de la ciudad. La muerte de Carlos Gardel en un accidente aéreo en Medellín, en 1935, dejó una huella profunda. Con los años, el tango dejó de sentirse como una música importada y se convirtió en banda sonora de bares, casas, radios y viejas vitrolas.
En Manrique se siente ese cruce entre barrio popular, nostalgia, baile y vida cotidiana. No es un tango de museo, sino uno que convive con la salsa, el bolero y los sonidos de la cuadra. La experiencia puede vivirse en una tarde-noche: caminar sus calles, ver el macromural Constelaciones y otros grafitis, entrar a una viejoteca o salón de baile tradicional donde suenen tangos, milongas y boleros, y quedarse a observar. Aquí el tango se volvió memoria barrial, identidad cultural y una forma de encuentro.
La mesa paisa como mapa de ciudad
TDR Woman: ¿Cómo se entiende la cocina paisa cuando se busca algo más que comer típico?
AMLA: Comienzo por contar que Medellín Sí Sabe es una iniciativa que entiende la gastronomía como patrimonio vivo, producto turístico y relato de ciudad. No se trata solo de recomendar restaurantes, sino de reconocer que la mesa habla de identidad, barrio, tradición y nuevas formas de interpretar el territorio.
El programa se ordena en tres líneas. Berraquera mira hacia la cocina tradicional, y puede empezar con un desayuno paisa en una fonda: arepa, quesito, huevos, chocolate o café. Mecatear aparece hacia media tarde, con una arepa de chócolo, un buñuelo recién hecho o una empanada con ají. Para cerrar el día en clave Saberes, la invitación es a una cena donde la cocina de autor dialoga con productos locales, técnicas tradicionales y memorias familiares en platos contemporáneos.
TDR Woman: ¿Cómo recomendarías vivir el café y los mercados, dos rituales muy ligados a la vida cotidiana de Medellín?
AMLA: En un solo día, una forma muy chévere de iniciarse en la cultura cafetera de Medellín es combinar campo y ciudad. Primero, visitar una finca cafetera cercana en los corregimientos, donde se puede ver el proceso completo: cultivo, recolección, secado y preparación de la taza. Muchas de estas fincas ofrecen recorridos guiados, catas básicas y espacios para caminar entre cafetales y montañas, entendiendo por qué este paisaje es tan importante para Antioquia. De regreso a la ciudad, una tienda de tueste local ayuda a entender perfiles de sabor, trazabilidad y el origen exacto de cada café.
Los mercados son otra forma de leer la ciudad desde el plato. Vivir una mañana en una plaza tradicional implica caminar sin afán por los pasillos, saludar a los vendedores, preguntar de dónde vienen los productos y dejarse guiar por sus recomendaciones. Ahí vale poner atención a las frutas, los jugos naturales preparados al momento y los desayunos de plaza. Para muchas personas de otros países, sabores como el lulo, la granadilla, la guanábana, el zapote o el mangostino pueden ser una primera forma de descubrir Medellín desde su mesa.
Oficios, diseño y joyería
TDR Woman: Los silleteros son uno de los símbolos más reconocibles de Antioquia. ¿Qué experiencia recomiendas para conocerlos fuera de la Feria de las Flores?
AMLA: En Santa Elena viven familias silleteras que llevan generaciones tejiendo flores sobre estructuras de madera que cargan a la espalda. Fuera de la Feria de las Flores, varias fincas abren sus puertas durante el año para mostrar el proceso completo: la selección de las flores, el armado de la silleta y los códigos que cada familia conserva como parte de su historia.
Durante la visita, vale la pena observar las manos y el tiempo: cómo se clasifican las flores, cómo se van tejiendo sobre la silleta y cómo cada familia conserva su propio estilo. También es importante mirar el entorno: la casa, el paisaje de montaña y los caminos veredales que recorren los silleteros. Así se entiende que no es solo un desfile, sino una forma de vida que Medellín celebra cada año. Para vivirla con respeto y seguridad, se recomienda hacer estos recorridos con operadores turísticos legalmente constituidos.
TDR Woman: Medellín también tiene una escena viva de joyería, moda y diseño. Para quien busca piezas con autoría y no solo recuerdos de viaje, ¿qué espacios o nombres ayudan a entender esa creatividad local?
AMLA: En Medellín, la joyería puede vivirse como una forma de arte aplicada al cuerpo. Para una persona que aprecia piezas con autoría, la ciudad ofrece una escena interesante porque conecta joyería, moda, diseño, arte y oficio. La recomendación es explorar zonas donde se concentran talleres contemporáneos, tiendas de diseño independiente y piezas únicas, como Provenza, Vía Primavera y Manila, en El Poblado, además de algunos sectores de Laureles y Perpetuo Socorro.
Ahí se trabaja con plata, oro, esmeraldas y otras piedras desde una mirada más personal. En joyería, el lujo está precisamente en entender que una pieza no es solo un accesorio, sino una pequeña arquitectura emocional que habla de quien la diseña y de quien la porta.
La moda también tiene una historia textil muy fuerte y una escena que ha sabido evolucionar. Medellín reúne propuestas de autor, sostenibilidad, marroquinería, joyería y calzado, muchas agrupadas en tiendas conceptuales, salas de exhibición compartidas y espacios de diseño independiente. Son lugares donde las colecciones dialogan con el territorio, la memoria y las nuevas estéticas urbanas. Nombres como Jorge Duque, Isabel Henao, Felipe Cartagena, Andrés Pajón y las hermanas Amalia y Manuela Sierra dan pistas de una escena que vive todo el año, no solo durante Colombiamoda y Colombiatex.
Naturaleza al borde del valle
TDR Woman: Para quien planea viajar a Medellín pronto, ¿cuál es tu plan favorito para vivir esa otra cara natural del valle sin salir del distrito?
AMLA: Recomendaría un plan de día completo entre Parque Arví y Santa Elena. Es perfecto para quien quiere desconectarse sin salir del distrito y entender que Medellín no es solo una ciudad urbana: también es ruralidad, bosque, flores, caminos campesinos y montaña.
El Parque Arví, ubicado en Santa Elena, ofrece recorridos, caminatas guiadas por senderos y servicios turísticos que permiten vivir la naturaleza con una conexión directa con el territorio. El plan puede completarse con una parada en un restaurante rural o en un mirador para tomar café, respirar aire fresco y contemplar el paisaje. En muy poco tiempo se pasa de la intensidad urbana a una experiencia de bosque y ruralidad. Ese contraste es un lujo natural.
TDR Woman: Si tuvieras que guardar Medellín en una sola imagen sensorial, ¿cuál sería?
AMLA: Sería un atardecer en el Cerro Nutibara, junto al Pueblito Paisa, cuando la ciudad enciende sus luces poco a poco. El cielo se vuelve naranja y rosado, mientras la brisa se mezcla con el murmullo del valle. Esa imagen tendría sabor a arepa caliente con quesito o a café recién servido. Si tuviera que sumar una canción, aparecería una mezcla muy nuestra: un tango en Manrique, una salsa en la carrera 70 y música urbana sonando en Provenza. Por eso Medellín se queda en la mente no solo por lo que muestra, sino por lo que hace sentir: una ciudad que florece entre montañas.
Para revisar mapas, agenda de eventos, rutas por barrios, gastronomía, naturaleza y experiencias rurales, el sitio oficial de turismo de Medellín reúne información útil para planear el viaje.