Camila Jabel y OMEGA: En lo profundo

Para Camila no hay límites. Ni siquiera el fondo del mar. Aquí, nos habla de apnea, de su dupla con OMEGA y de hacer pausas en un mundo frenético.

Creemos que sabemos mucho sobre el planeta que habitamos, pero lo cierto es que no tenemos idea ni del 1 % de lo que ocurre en él. Y si eso sucede con la superficie —donde al menos podemos respirar—, ¿qué hay del fondo del mar; ese territorio inmenso e inhóspito para nuestra especie al que nadie puede llegar? O, bueno, casi nadie porque, desde muy joven, Camila Jaber descubrió que su lugar estaba allí, donde pocos van. Apneista profesional con una trayectoria de más de diez años, tomó un camino de vida desafiante que le ha dado enormes satisfacciones como romper récords extraordinarios. Este año, por ejemplo, alcanzó los 91 metros de profundidad en tan solo 2 minutos con 43 segundos, un logro que solo es posible gracias a una combinación virtuosa de disciplina, valentía y fortaleza física y mental (en especial, enfatiza Camila, esta última).

Fotos: Dorian Ulises López / Asistente de foto: Alexis Rayas / Estilismo: María Paula Zavala @ Father Figure Collective / Maquillaje: Alberto Pérez / Peinado: Silvano Navarro / Asistente de Estilismo: Emilio Zavala / Locación: Deportivo Vicente Saldívar / Asistente de producción: Martha Alicia Garza / Producción: Mónica Isabel Pérez.

TDR Woman: La apnea es difícil de practicar y es considerada un deporte extremo, ¿en qué consiste para ti no solo como deportista sino como persona?
Camila Jaber: Consiste en contener la respiración y descender a profundidad con una sola bocanada de aire. Es decir, tomas una sola inhalación profunda en la superficie, inicias la inmersión y tu reto es llegar lo más profundo posible, siempre de manera progresiva y segura. Pero además de ser un deporte de alto rendimiento, a mí me gusta pensarla como una especie de meditación asistida por el agua. Al no respirar, tienes que estar relajada sí o sí. Necesito sentirme cómoda bajo el agua, ¡así que no hay otra opción!

TDRW: Muchos hemos tenido la suerte de experimentar ese instante de descubrimiento en el que decimos “podría dedicarme a esto toda la vida”. ¿Cómo te ocurrió a ti?
CJ: Fue algo progresivo, pero que de alguna manera siempre estuvo en mí. Nací en una isla, crecí en el Caribe y el mar formaba parte de mi vida cotidiana. Desde pequeña nadaba y me atraía el agua. Me ayudaba a relajarme, a dormir mejor… Era todo un tema con mis papás porque yo tenía muchísima energía y me costaba bajar el ritmo, pero la natación era el lugar donde podía canalizar todo eso. Luego, durante la adolescencia —ya sabes, con todas las emociones a flor de piel— sentí que todo lo que me pasaba podía procesarlo mejor estando cerca del mar. Se volvió un espacio para reflexionar y encontrar tranquilidad, especialmente en medio de los torbellinos propios de esa etapa. Años después descubrí la apnea. Tomé un curso y, cuando lo hice por primera vez, supe que era lo que le faltaba a mi vida. El camino se fue dando de forma natural. Fue un proceso gradual pero después de mi primera competencia, en la que me fue muy bien, tomé la decisión: quería competir por muchos años más. Y aquí estoy, ¡diez años después!

TDRW: Suena terapéutico, incluso necesario, perfeccionar nuestra respiración en un mundo que va tan rápido…
CJ: La apnea es una invitación a reconectar con la respiración; a sentir y escuchar al cuerpo. Implica aprender a meditar, a observar tus pensamientos y a estar atenta a lo que sucede dentro de ti, cosa que muchas veces olvidamos en la vida cotidiana. Vivimos en un mundo que va a toda velocidad y que está casi desbordándose. Por eso es tan importante encontrar actividades que nos devuelvan al centro. Es cuando ves la importancia de hacer una pausa, escuchar al cuerpo y reconectar con la respiración. Porque, al final, volver a eso, es también volver a nosotras mismas.

«Romper un récord es sinónimo de orgullo y es la culminación de meses, e incluso años, de entrenamiento. A veces también es un alivio porque refleja un proceso largo en el que has invertido muchísima energía y esfuerzo».

TDRW: Otro aliado en la apnea es el tiempo. Debes saber cuánto tardas en bajar, en subir, lo que llevas aguantando la respiración. ¿Cómo conectas con este concepto?
CJ: Lo concibo como el vínculo que me mantiene conectada con la superficie. Cada segundo me da la pauta para saber cuánto puedo permanecer abajo, cuánto puedo sostener, y también funciona como señal clave para el equipo de seguridad que me acompaña o que me encuentra durante el ascenso. Para nosotros, el tiempo es primordial. Y es curioso, pero debajo del agua se vuelve relativo. Cada inmersión es distinta y entran en juego muchos factores. A veces, dos minutos pasan en un instante; otras se sienten eternos. Parte de mi entrenamiento consiste en desarrollar esa conciencia: entender cómo percibo el tiempo y cómo debo gestionarlo para mi rendimiento y mi seguridad.

TDRW: ¿Qué cosas pasan por tu mente cuando estás sola en las profundidades?
CJ: Mi mente entra casi en un silencio absoluto. Al inicio aparecen algunas ideas: nervios, preocupaciones… pero llega un punto en el que todo se aquieta y me enfoco en mis oídos, en la línea frente a mí y en la inmensidad que me rodea. Me concentro y aplico técnicas de meditación. Una de ellas es la atención abierta: percibo el todo, sin fijarme en un solo punto. Claro que hay momentos en los que surgen dudas, pero ahí recurro a afirmaciones positivas. Hay un mantra que repito muchas veces: “Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas para volar?”. Esa idea [tomada de un diario de Frida Kahlo] me ayuda a mantener la concentración y a enfocarme en mi técnica.

TDRW: Hemos hablado de tiempo, precisión y cálculos. Conceptos por los que tienes una relación especial con OMEGA, una marca cuyo legado está —precisamente— ligado a los mares, la aventura y la precisión. ¿Cómo nació este vínculo?
CJ: La relación surgió a partir del lanzamiento de unos modelos nuevos de Planet Ocean, una colección que OMEGA diseñó para alcanzar grandes profundidades. Y lo que más me fascinó fue saber que podía tener en la muñeca una herramienta en la que puedo confiar plenamente, que marca el tiempo con precisión y que está hecha para resistir condiciones extremas bajo el agua. Para mí, mi OMEGA no es solo un accesorio, sino una herramienta valiosa dentro de mi práctica. La apnea es un deporte que exige precisión, disciplina y constancia, así que contar con algo así de mi lado, hace toda la diferencia.

TDRW: El deporte es un terreno donde las mujeres hemos tenido desempeños admirables. Para ti, ¿cuál es el escenario actual de la apnea en relación con nosotras?
CJ: Es un deporte que conecta con las mujeres, no solo por nuestra naturaleza cíclica, sino porque exige una sensibilidad muy afinada y un profundo conocimiento del propio cuerpo. Pasamos gran parte de nuestra vida aprendiendo a escucharlo, a entenderlo y a confiar en él. Cuando me enfrento a una profundidad nueva, tengo que confiar plenamente en mi entrenamiento, en el trabajo que he hecho y en que mi mente y mi cuerpo están alineados. También vale la pena destacar que es un deporte en el que muchas de las mayores exponentes son mujeres. En parte, creo que esto se debe a esa capacidad de autoconocimiento y a la toma de decisiones más conscientes, que resultan fundamentales en la apnea.

«Hay cosas profundamente hermosas sucediendo en el mundo y podemos detenernos a mirar, explorar y reflexionar. Eso es lo que me ha enseñado sumergirme: que puedo ir a la profundidad del mar y también a la del mundo».

TDRW: Si algo valioso nos deja el deporte es la idea de que el cuerpo humano es un milagro. Correr decenas de kilómetros, ir a las profundidades del mar… ¿Qué es lo que te ha dejado a ti dedicarte a esto?
CJ: Resiliencia y paciencia. Mi entrenamiento, por ejemplo, se divide en dos etapas. Está la parte en seco —con yoga y gimnasia— donde empujas el cuerpo hasta su límite y cada día intentas llegar un poco más lejos y dar lo mejor de ti como preparación. Y luego está el trabajo dentro del agua, en la alberca, donde condicionas al cuerpo, fortaleces la resistencia, te recuperas… y vuelves a intentarlo. Eso sí, la apnea tiene algo muy particular porque también implica aprender a soltar. A diferencia de otros deportes, en la profundidad no puedes forzar nada; no puedes obligarte a bajar porque el cuerpo simplemente se bloquea. La tensión en el abdomen, en la garganta y en los hombros, no te permite compensar y avanzar. El deporte en general, y diría que en especial la apnea, nos enseña a reconocer nuestros propios límites, a saber cuándo hay que empujar y cuándo hay que dar un paso atrás. También he aprendido la importancia de la salud mental. Es fundamental saber cuándo hay que hacer una pausa para reflexionar y poder reconocer cuando la mente no está en su mejor momento. Yo trato de fluir, de dejar que el agua me sorprenda, confiar en la naturaleza y permitir que ese elemento mágico e indescriptible me acompañe.

TDRW: Tu carrera también te ha dado vivencias increíbles al combinarse con industrias muy distintas como las del cine y el entretenimiento. Por ejemplo, apareciste en la temporada más reciente de la serie Merlina. ¿Podrías contarnos cómo han sido estas experiencias?
CJ: ¡Ha sido increíble! La apnea me ha llevado a lugares que jamás imaginé y ha sido una gran oportunidad para ver el deporte desde un ángulo distinto, más creativo. He procurado mostrar la apnea como una expresión artística: una forma de traducir emociones a través del movimiento y llevarlas a la pantalla. Esa mentalidad es la que me ha abierto puertas a proyectos como Merlina, donde participé como sirena. Fue un sueño hecho realidad, no solo por el papel, sino porque también tuve la oportunidad de compartir mis conocimientos. Además, trabajé en una serie con Orlando Bloom (Orlando Bloom: To the Edge, 2024), donde fui su instructora. Me sorprendió ver cómo él descubrió un reto en la apnea. Es alguien con metas muy claras y fue increíble acompañarlo en su proceso y ver su disciplina. Han sido proyectos fantásticos, experiencias que nunca imaginé vivir. También he participado en documentales sobre vida marina que me han permitido hablar de temas como la conservación de los océanos. Es algo que llevo cerca del corazón y que, de alguna manera, también me impulsa a seguir buceando más profundo.

TDRW: ¿Cuáles son tus planes a futuro? ¿Ya tienes en mente nuevos récords que quieras romper?
CJ: Quiero seguir buceando por muchos años más. La apnea es un deporte longevo y siento que ahora estoy entrando en la segunda etapa de mi carrera, comenzando una nueva década de profundidad. Esta es una disciplina en la que mejoras con la edad. Te exige adaptación constante y, al mismo tiempo, te da sabiduría. Con eso aprendes a tomar mejores decisiones como saber cuándo descansar, cuándo seguir entrenando y cuándo es momento de darlo todo. Y sí, eso definitivamente mejora con los años. En paralelo, también está el tema de la familia. Una de mis metas personales es encontrar la forma de pasar más tiempo con mis seres queridos.

«Me gustaría que mi legado fuera que las personas entiendan la importancia de la presencia. De estar presentes. Vivimos nuestros días en automático, a toda velocidad, sin darnos el regalo de hacer una pausa. Y a veces lo más importante es detenernos y preguntarnos cómo estamos, cómo están quienes nos rodean y cómo está el mundo en el que vivimos».

TDRW: Soy de esas personas que suelen pensar en el universo y su inmensidad para colocarse en su lugar en el mundo. Tú lo haces con el mar y no solo en pensamiento, sino atreviéndote a entrar en sus profundidades. Cuando reflexionas sobre lo que haces, ¿qué sientes?
CJ: Cuando me siento muy presionada, tengo días en los que me exijo hasta lo imposible o cuando paso por uno de esos momentos en los que parece que el mundo se me viene encima, la apnea me ayuda a poner todo en perspectiva. A veces pienso que soy como una gota de agua en un mar infinito y trato de no quedarme tan ensimismada o agobiada porque recuerdo que soy parte de algo mucho más grande. Es fácil creer que mis problemas son los más importantes, pero es en ese punto en que me detengo a observar y pienso en cómo todas las personas estamos atravesando por distintas cosas al mismo tiempo y, aun así, el mundo sigue girando. De la misma manera, en el mar también están ocurriendo cosas maravillosas todo el tiempo, como la “surgencia”. Es una de las migraciones de biomasa más grandes del planeta y sucede todas las noches. En este fenómeno, el agua fría del fondo asciende a la superficie cargada de microorganismos y pequeños seres que afloran para alimentarse en aguas más cálidas. Después todo vuelve a descender y el ciclo se repite todos los días. La surgencia ocurre estemos aquí o no, pase lo que pase. Y con eso recuerdo que hay cosas profundamente hermosas sucediendo en el mundo y que podemos detenernos a mirar, explorar y reflexionar. Eso es lo que me ha enseñado sumergirme: que puedo ir a la profundidad del mar y también a la del mundo.


«Para mí, ir a la profundidad es —de alguna forma—, bucear hacia mí misma. Es una manera de conocerme mejor. He crecido en lo profundo y me gusta en quién me estoy convirtiendo».

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