Sobre la mesa de trabajo de Xavier hay decenas de pequeñas cajitas metálicas que resguardan tesoros miniatura: cientos de pequeñas piedras preciosas que han sido talladas para adornar los más brillantes biseles y carátulas de los relojes de Hublot. De una de ellas, que está llena de diamantes, toma una con ayuda de su perloir y la coloca en lo que pronto formará parte de un modelo Big Bang que suele adornarse con 126 piedras como esta. Es decir, 126 veces Xavier tomará un diamante para colocarlo en la estructura, lo revisará bajo el microscopio y se asegurará de que el ajuste del engaste sea perfecto. Todo con una paciencia inaudita y con la famosa “precisión quirúrgica” de la que siempre se habla en el mundo relojero. Algo que se hace con buena razón: herramientas antiguas como el perloir fueron, antes de llegar a la orfebrería, instrumentos médicos y de ortodoncia.
¿Cuántas gemas puede engastar una persona en un día? Xavier dice que mil. Lo hace con una sonrisa mientras otros dos maestros engastadores permanecen concentrados en su trabajo. Lo que reina en este departamento de la manufactura, además de la belleza natural de las gemas, es el estado zen.
Apreciar lo humano
Visitar una manufactura permite ampliar la dimensión humana de un reloj. Una cosa es saber que los procesos artesanales son manuales y otra muy distinta es poder verlo y darle un rostro y un nombre al trabajo detrás de cada pieza. Por ejemplo, Alexandre se dedica a ensamblar movimientos y esa mañana en particular estaba trabajando en el de un Unico con calendario perpetuo.
Tiene una tablet que le ayuda a tener un mapa del mecanismo y donde marca sus avances, pero las herramientas reales siguen siendo pinzas, aceitadores, una lupa. Elementos que han acompañado a los relojeros desde siempre y que son, básicamente, solo extensiones de precisión para lo que realmente construye un reloj: la mente, las manos y los ojos.
En el departamento de ensamblaje también trabaja Sandra. Es colombiana y cuando llegó a Suiza comenzó a trabajar en talleres de engaste de joyas para relojes. Pero un día se encontró con el programa de entrenamiento de relojeros de Hublot, que existe desde 2016 y tiene una duración de cuatro años. “Empecé a trabajar en la manufactura durante el día y estudiaba por las noches”, me cuenta mientras coloca el volante y todo el sistema regulador a los movimientos que ya han sido ensamblados. Una vez que lo hace, revisa que la tolerancia de segundos por día y la amplitud media se encuentren en los parámetros adecuados tomando en cuenta 100 posiciones. Un trabajo meticuloso que asegura la funcionalidad de un reloj.
La vida al estilo Hublot
Así como ocurre con sus relojes, Hublot busca que además de la técnica y estética, el ADN de la marca se perciba en todos los espacios de la manufactura. Así que además de mostrar los procesos de creación de las piezas, durante una visita es posible encontrarse con las pinturas pop creadas por el artista francés Mr. Brainwash en los pasillos y con esculturas de Richard Orlinski en el lobby. En el showroom —donde me recibieron con café y unos cannelés mini deliciosos— hay decoraciones hechas con correas de colores y fotografías de los amigos de la marca junto al Grand Prix d’Horlogerie de Genève que ganaron en 2014 con el Classic Fusion Cathedral Tourbillon Minute Repeater.
Los exteriores también son muy disfrutables. Se puede pasear entre los edificios y disfrutar del aire fresco y la calma del paisaje suizo, mientras la arquitectura va revelando la evolución de esta marca fundada en 1980: el edificio H1 marcó el inicio de la manufactura en 2009 y en 2015 se inauguró H2, su primera extensión. Pero ante el crecimiento de la marca, en 2021 se anunció H3, una segunda expansión aún más ambiciosa que la anterior: se trata de un espacio de 13,650 metros —más de lo que suman H1 y H2— que ya está en pie, pero que por el momento solo puede apreciarse por fuera. La inauguración oficial está programada para 2027 y ya queremos ver las sorpresas que contendrá.