El nuevo Sixteen Stone de madre perla y rubí de Tiffany & Co. lleva a la muñeca uno de los códigos joyeros más reconocibles de Jean Schlumberger: el punto de cruz. La inspiración viene de la colección Sixteen Stone, que apareció por primera vez como anillo en el Blue Book de Tiffany & Co. de 1959. Su detalle más reconocible es el mencionado motivo de bordado, que aquí se hace en oro amarillo. ¿Por qué una técnica textil? Con este detalle, Schlumberger hacía referencia al origen de su familia, que por un tiempo se dedicó a fabricar textiles en Alsacia, Francia. Así que este detalle decorativo es parte de una biografía, una memoria hecha diseño.
En la colección original, Sixteen Stone representa la fuerza protectora del amor, mientras que el punto de cruz simboliza aquello que se considera valioso. En versión reloj, esa idea se vuelve aún más interesante, porque el objeto deja de ser únicamente joya para convertirse también en una pieza que acompaña el ritmo diario. Bueno, quizá no el diario más casual (no estamos hablando de un reloj para salir comprar café en pants), pero sí de ese tipo de creación que demuestra cómo la alta joyería y la relojería pueden convivir sin que una opaque a la otra.
Rubíes, diamantes y un anillo que gira
La carátula de nácar es el escenario del verdadero protagonista: un anillo giratorio decorado con 12 rubíes y 12 diamantes, rodeado por cruces de oro amarillo. El resultado tiene algo de talismán, algo de joya vintage y algo de mini universo en movimiento. Los rubíes, además, no aparecen aquí por capricho, sino porque Tiffany retoma aquí una historia que se remonta al siglo XIX. En esa época, sus diseñadores ya incorporaban estas piedras preciosas en relojes de solapa, relojes de bolsillo y los primeros relojes de pulsera que hoy forman parte de sus archivos.
La caja está realizada en oro blanco y suma 421 diamantes con un peso combinado de 3.4 quilates. Es una cifra contundente, pero lo interesante no está solo en el “cuánto”, sino en el “cómo”. La caja presenta un engaste tipo snow setting con 366 diamantes redondos brillantes, una técnica que crea una superficie irregular, luminosa y casi helada, como si los diamantes hubieran caído de manera espontánea sobre el metal. Pero, spoiler, nada en ese efecto es espontáneo.
El fondo de la caja también guarda su propio guiño histórico: incluye un grabado con patrón de rayos solares inspirado en el broche Floral Arrows de Jean Schlumberger para Tiffany & Co., acompañado por pequeños diamantes. La correa roja de piel de cocodrilo completa el look con una energía muy Tiffany, pero menos obvia que el azul icónico de la Maison. El cierre llega con una hebilla T de oro blanco de 18 quilates adornada con 43 diamantes redondos brillantes.
El oficio joyero también da la hora
Uno de los detalles más fascinantes de esta pieza está en la elaboración del anillo giratorio. Hacerlo requiere 25 horas de trabajo solo para la fundición y colocación de las cruces de oro, además del engaste de diamantes y rubíes. Primero se crea un molde para cada pieza, con dimensiones calculadas en fracciones de milímetro; después, el oro fundido se vierte en el molde, se deja enfriar, se retira, se pule a mano y finalmente se coloca sobre el anillo entre las piedras. Esta explicación importa porque ayuda a entender algo que a veces se pierde cuando vemos un reloj joya terminado. Y es recordar que, detrás del brillo, hay ingeniería de escala diminuta, paciencia y una cadena de trabajo manual que exige paciencia absoluta. En este Sixteen Stone, el lenguaje de la alta joyería no llega al reloj como una decoración extra, sino que está integrado a su arquitectura.
Tiffany & Co. producirá cada año un número limitado de piezas de este diseño, una decisión coherente con su nivel de trabajo artesanal y con el tipo de pieza que es; ya que no se trata de un lanzamiento masivo, sino de un objeto de colección para quienes disfrutan los relojes que son, al mismo tiempo, joyas, archivos y manifiestos de diseño.