Aunque Audemars Piguet nos ha acostumbrado a mirar siempre hacia el futuro, esta vez decidió llevarnos a su origen. Pero no con historias o exhibiciones de piezas antiguas sino con una nueva propuesta que, en realidad, es bastante vieja. Y es que su nuevo es un modo de producción al que han llamado Atelier des Établisseurs, un espacio donde Audemars Piguet retoma el sistema de trabajo de la relojería del siglo XVIII. Tiempos en los que un reloj no era obra de una sola manufactura, sino el resultado de muchos oficios que trabajaban por separado y que luego se encontraban en una pieza final.
Ese modelo —llamado établissage— no solo se rescata por ser algo histórico, sino porque trae al presente un modo de trabajo creativo más abierto, más lento y menos lineal. Así funcionó por años en el Vallée de Joux donde, durante los inviernos largos, los artesanos producían componentes en sus propios talleres que alguien más se encargaba de reunir. Era un sistema colaborativo eficaz que Audemars Piguet recupera desde su Museo Atelier en Le Brassus, donde ahora reune oficios que no siempre coinciden en un mismo atelier —como grabado, esmalte, lapidario, diseño e ingeniería—, dándoles un espacio para crear fuera de una estructura rígida.
“El Atelier des Établisseurs encarna el espíritu colaborativo y la búsqueda creativa que siempre ha formado parte del corazón latienye de Audemars Piguet y le da una nueva vida a nuestra herencia relojera y a la preservación de los oficios artesanales de nuestra industria”. —Ilaria Resta, CEO de Audemars Piguet
Más objeto que producto
Los primeros resultados de esta aventura de producción son tres relojes que no se ven como una colección, sino como ejercicios libres e independientes uno del otro. Y aunque es obvio que todos parten de una inspiración distinta, comparten el savoir-faire tradicional, la aplicación de tecnología moderna y el diseño de vanguardia que caracterizan a Audemars Piguet. De las piezas que vemos, el Établisseurs Galets toma como referencia las piedras del Lago de Joux. La caja en oro amarillo de 18 quilates y el brazalete, formado por eslabones irregulares conectados por pequeñas esferas, tienen un movimiento suave, casi líquido. La carátula de piedra natural destaca, pero no es el único foco de atención. Por dentro, el calibre manual 3098, con 48 horas de reserva de marcha, se adapta a la forma del reloj.
Luego está el Établisseurs Nomade, que rompe con la idea del reloj de muñeca. Puede llevarse como colgante, colocarse sobre una mesa o simplemente contemplarse como el objeto bello que es. Su calibre 7501, esqueletizado a mano con técnicas tradicionales, ofrece 65 horas de reserva de marcha y convierte la mecánica en parte más hipnótica de la pieza.
El tercer modelo es el Établisseurs Peacock, quizá el más llamativo por su forma. Cerrado, parece una pequeña escultura en oro blanco. Pero al abrirse revela un majestuoso pavo real en miniatura trabajado con esmalte translúcido y grabado manual. Poder ver el tiempo en él podría ser solo un extra, pero también hay que reconocer su mecánica impecable gracias al calibre 3098 con 48 horas de autonomía.
Proyectos que cada vez importan más
El Atelier des Établisseurs no compite con las colecciones principales de la marca de ninguna manera. Su función es y será ofrecer un laboratorio de creación en el que se puedan hacer piezas en cantidades muy limitadas que tengan un mayor márgen de experimentación y que no sufran la presión de que se busque repetirlas a nivel masivo. Esto suena muy revolucionario en tiempos en los que la IA y los modos de producción nos obligan a producir de modo rápido, barato y fñacilmente replicable. Así que se agradece el respiro que significarán estas piezas de Audemars Piguet en una industria que, ante todo, ha funcionado siempre como un colectivo.