En 1954, Marilyn Monroe hizo algo que pocas estrellas de su nivel se atrevían a hacer: tomó distancia de Hollywood. Dejó su contrato con la 20th Century Fox, se mudó a Nueva York y se mantuvo lejos del centro de atención durante meses. Vivió con discreción y estudió actuación con Lee Strasberg —fundador del Actors Studio, el taller donde se formó una generación entera de actores estadounidenses—. También fundó su propia productora: Marilyn Monroe Productions. Era la mujer más fotografiada del mundo, y por un tiempo eligió no ser vista.
Es en ese período donde cobra otro sentido el Blancpain Ladybird Tribute. Blancpain lo presenta este 1 de junio de 2026, fecha del centenario del nacimiento de Monroe. La colección no parte de una imagen icónica ni de una escena de película. Parte de un objeto que perteneció a su vida privada. Era un reloj de alta joyería que nadie vio en una alfombra roja y que durante décadas permaneció oculto entre sus pertenencias.
EL RELOJ DE DIAMANTES QUE CASI NADIE VIO
El reloj original es una pieza fabricada probablemente entre finales de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta. Su caja rectangular de platino 950 evoca la arquitectura vertical de Nueva York. También lo hace su lenguaje art déco, un estilo geométrico asociado al lujo moderno de entreguerras. Era la misma ciudad donde Marilyn buscaba tomar control de su carrera.
El reloj llevaba 71 diamantes talla brillante y dos diamantes talla marquesa, engastados siguiendo la estructura de la caja. En su interior, llevaba un calibre baguette producido a partir de 1932. Era una construcción típica de los relojes joya alargados. El movimiento llevaba dos firmas: “Blancpain” y “Rayville Watch Co.”, nombre bajo el que operaba la manufactura en ese período.
Tras la muerte de Monroe en 1962, sus pertenencias pasaron a Lee Strasberg, quien las conservó hasta su muerte en 1982. El reloj reapareció en 2016 en una subasta organizada por Julien’s Auctions en Los Ángeles. Blancpain lo adquirió y lo devolvió a su manufactura en Le Brassus. Tres años después, en octubre de 2019, fue presentado públicamente por primera vez en Nueva York dentro de la exposición Timeless Elegance. Su historia permaneció envuelta en misterio. Monroe no era conocida por adquirir piezas de este tipo por cuenta propia. Hasta hoy no se ha confirmado quién pudo habérselo regalado.
BLANCPAIN LADYBIRD TRIBUTE: SIETE LETRAS PARA UNA MEMORIA PRIVADA
El Blancpain Ladybird Tribute retoma fielmente los códigos del original. La carátula opalina conserva los índices aplicados en oro amarillo, las agujas cónicas y el engaste geométrico art déco que estructura la caja rectangular. Pero introduce un gesto más íntimo. La colección cápsula está formada por siete piezas únicas. Cada una lleva grabada en el fondo de caja una letra del nombre MARILYN —M, A, R, I, L, Y, N—. Juntas forman el nombre completo. Separadas, cada reloj guarda solo una parte.
Las correas de piel de becerro de doble vuelta se presentan en siete tonos desarrollados con Pantone para el centenario. Los colores van desde el rojo intenso de High Risk Red hasta el negro de Black Beauty o la limpieza satinada de Star White. La caja de oro blanco de 18 quilates mide 35 × 16 mm con 6,5 mm de grosor. Está engastada con 85 diamantes —1,36 quilates en total—. El fondo es de zafiro transparente y permite ver el calibre manufactura 510 de cuerda manual. Sus 128 componentes y 23 rubíes ofrecen 52 horas de reserva de marcha.
Hay una lectura más que el Ladybird Tribute permite, y vale la pena hacerla. El reloj original fue fabricado cuando Blancpain operaba bajo la dirección de Betty y Jean-Jacques Fiechter. En 1956, ambos lanzarían el Ladybird original, equipado con el movimiento redondo más pequeño de su época. Betty Fiechter fue la primera mujer al frente de una gran casa relojera suiza. Marilyn Monroe, desde otro frente, también buscaba tomar control de su carrera dentro de una industria masculina. No hay un vínculo directo confirmado entre ambas, pero este reloj permite leerlas dentro de una misma tensión de época.