#WWG26 | Hay relojes que no quieren estar en la muñeca

Piaget Swinging Pebbles recupera una idea que la marca lanzó en 1969: sacar el reloj de la muñeca y convertirlo en parte de la silueta.

A finales de los años 60, la relojería todavía se movía dentro de formas bastante previsibles. Piaget decidió desviarse. En 1969, su colección 21st Century presentó relojes que colgaban del cuello o se integraban en brazaletes escultóricos con carátulas de piedras ornamentales. Más que una rareza formal, fue una manera distinta de llevar el tiempo: menos atada al pulso, más cercana a la silueta. Valentin Piaget y el diseñador Jean-Claude Gueit empujaron esa idea desde una convicción clara: el reloj también podía comportarse como joya.

Esa intuición conectó con la Piaget Society, el círculo creativo y social que la marca cultivó alrededor de sus boutiques y de una idea del lujo mucho menos rígida. Figuras como Jackie Kennedy —exprimera dama de Estados Unidos y referencia de estilo de su época— o Andy Warhol, artista central del pop art, ayudan a entender ese momento en el que el reloj dejó de ser solo un objeto funcional para convertirse en parte del lenguaje visual de quien lo llevaba. Hoy, esa misma energía regresa en Swinging Pebbles: piezas que no se leen primero desde la función, sino desde el movimiento y la forma.

La hora tallada en una sola piedra

Son tres relojes-colgante construidos a partir de una sola lámina de piedra ornamental: ojo de tigre, verdite o pietersita. Cada pieza se ahueca para alojar el movimiento y luego se cierra hasta formar una carcasa lisa, con una silueta de guijarro pulido. De ahí el nombre de la colección: pebble, en inglés, significa canto rodado.

Lo importante es que la piedra no aparece como superficie, sino como estructura. La forma no sale de la nada. En 1974, Piaget ya había trabajado una silueta orgánica parecida en sus relojes de bolsillo Kimono, tallados en malaquita. Swinging Pebbles retoma esa intuición y la suspende de una cadena de oro de 80 centímetros, un largo que confirma que aquí el reloj no se piensa desde la muñeca, sino desde el cuerpo entero. Por dentro, las tres piezas llevan el calibre de cuarzo 355P y una hermeticidad de 30 metros, suficiente para el uso diario.

Tres versiones para una misma silueta

Las tres versiones cambian el tono de la colección sin mover su silueta. La referencia G0A51410 combina ojo de tigre con oro amarillo y lleva la veta dorada de la piedra hacia una lectura más cálida, casi setentera. El modelo G0A51408 une verdite con oro rosa, una mezcla menos evidente y más mineral. Y la G0A51409 trabaja la pietersita en una caja de oro blanco engastada con diamantes, la versión más brillante del trío.

Lo interesante de Piaget Swinging Pebbles es que no cambia la idea central, solo la modula. En las tres piezas, el reloj sigue apareciendo primero como volumen, color y materia. La hora está ahí, claro, pero no se impone. Eso es lo que hace que Swinging Pebbles funcione hoy: recupera una forma histórica sin volverla reliquia y deja que el reloj se entienda primero desde la forma, no desde la función.

Previous Article

#WWG26 | Cartier convierte el tiempo en una ilusión de diamantes y laca negra

Related Posts