En 1986, Swatch lanzó una línea llamada POP. Eran relojes de plástico de color vivo cuya cabeza podía desprenderse de la correa con un chasquido. Se sujetaban a ropa, llaves o bolsos. No buscaban parecer joyas ni relojes solemnes, sino objetos pensados para cambiar de lugar según el cuerpo y el estilo. Cuarenta años después, el Swatch Royal Pop recupera ese gesto. Lo cruza con el código visual más reconocible de la alta relojería suiza: el Royal Oak de Audemars Piguet.
El Royal Oak nació en 1972. Lo diseñó Gérald Genta, uno de los nombres más influyentes de la relojería del siglo XX y también creador del Nautilus de Patek Philippe. Su bisel octogonal, con ocho tornillos hexagonales visibles, iba en contra de la relojería de lujo de su época. Un reloj de acero con precio de oro era, entonces, una provocación. Casi tanto como llevar hoy un reloj de bolsillo de lujo colgado del cuello.
La colección Swatch Royal Pop une esos dos archivos en ocho relojes de bolsillo fabricados en Bioceramic, un material compuesto por dos tercios de polvo cerámico y un tercio derivado del aceite de ricino. Pueden llevarse colgados del cuello, sujetos al bolso o convertirse en reloj de sobremesa con un soporte extraíble. Incluso el chasquido al separar la cabeza del clip forma parte de la identidad de la colección.
Swatch Royal Pop: color, geometría y mecánica visible
Los ocho modelos retoman los elementos definitorios del Royal Oak: el bisel octogonal, los ocho tornillos hexagonales y el efecto Petite Tapisserie, ese patrón de cuadrícula fina que cubre la carátula desde 1972. También aparece el acabado satinado vertical en bisel y contratapa. La diferencia está en la paleta: rosa, verde, azul marino, negro y blanco. En el modelo HUIT BLANC, por ejemplo, cada tornillo lleva un color distinto.
La caja mide 40 mm sin el clip y 8,4 mm de grosor, con cristales de zafiro al frente y en la contratapa. La colección ofrece dos formatos clásicos de reloj de bolsillo: Lépine, con la corona a las 12 y lectura de horas y minutos, disponible en seis modelos; y Savonnette, con la corona a las 3 y subcarátula de segundero a las 6, presente en dos versiones. Ambos formatos vienen de la relojería de bolsillo del siglo XIX.
El movimiento es el SISTEM51 de cuerda manual, una nueva versión del calibre de Swatch. Se trata del único mecanismo mecánico suizo cuyo ensamblaje es 100 % automatizado, con 90 horas de reserva de marcha y muelle de equilibrado Nivachron™ antimagnético, desarrollado en colaboración con Audemars Piguet. Parte del mecanismo puede verse a través de la contratapa transparente.
El barrilete —la pieza que almacena la energía del muelle— también funciona como indicador visual. Cuando sus cámaras aparecen grises, el reloj necesita cuerda; cuando se ven doradas, está cargado al máximo. La resistencia al agua es de 2 bares y el cordón de piel de becerro, con costura contrastante, está disponible en tres longitudes.
Una colaboración que incomoda por una buena razón
El Swatch Royal Pop no es una colaboración interna del Swatch Group, y ahí está buena parte de su rareza. A diferencia del MoonSwatch con Omega o del Scuba Fifty Fathoms con Blancpain, esta vez Swatch trabaja con una casa externa al grupo: Audemars Piguet. La manufactura suiza, fundada en 1875 y todavía en manos de sus familias fundadoras, forma parte de la llamada “Trinidad Sagrada” de la alta relojería junto a Patek Philippe y Vacheron Constantin. Que una de esas casas firme una colaboración con Swatch no tiene precedente. Sobre todo, porque un Royal Oak de acero puede superar los 40,000 dólares, mientras el Royal Pop cuesta 400.
Ilaria Resta, directora ejecutiva de Audemars Piguet, declaró que Royal Pop es un proyecto puntual para acercar nuevas generaciones a la relojería mecánica. Además, el 100 % de las ganancias de AP se destinará a preservar oficios artesanales raros y formar talento relojero. La decisión conecta con el Atelier des Établisseurs, el programa que AP presentó en Watches & Wonders 2026 para recuperar técnicas como grabado, esmaltado y esqueletización a mano.
El lanzamiento fue el 16 de mayo de 2026 en tiendas Swatch seleccionadas. Generó filas desde la noche anterior en ciudades como Tokio y Madrid, y algunos modelos aparecieron ese mismo día en plataformas de reventa a precios muy superiores al retail. Sin embargo, la pregunta de fondo es la misma que dejó el MoonSwatch en 2022: ¿una colaboración así acerca nuevas personas a la relojería mecánica o solo alimenta otro ciclo de deseo rápido? Esta vez, la respuesta pesa más. Es la primera ocasión en que una marca de la llamada Trinidad Sagrada acepta ese experimento en público.