Después de años de racionamiento, hubo un momento en que las mujeres volvieron a llevar joyas para que se vieran. No en privado, no en una caja: en la mano, sobre la mesa, a la hora del aperitivo. El anillo de coctel se popularizó como gesto público en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Fue cuando Christian Dior presentó su New Look en febrero de 1947. Por eso la moda dejó de parecer un uniforme civil. Pequeño, redondo y visible desde el otro lado de la barra, ese anillo no servía para mucho más que para decir algo. Setenta y tantos años después, el Universal Genève Disco Mini retoma ese gesto, pero lo traslada a la muñeca. Es un reloj joya pensado bajo la misma lógica. Pequeño, redondo, visible y hecho para una manera de vestir que ya no se conforma con pasar desapercibida.
versátil como los aretes que te cambias cada día
Lo primero que llama la atención del Universal Genève Disco Mini es que no se comporta como un reloj fijo. Tiene una silueta redondeada y sin asas, heredada de los Disco Volante de mediados del siglo XX. Estos, en su día, fueron apodados platillos voladores por su forma. También incorpora un sistema de clip oculto en el dorso de la caja. Así permite cambiar el brazalete rígido por una correa de aligátor, tweed o piel de colores en segundos. La corona también va escondida, así que la silueta queda limpia, casi como un brazalete con carátula. La idea no es que la usuaria se compre uno y lo lleve siempre igual. Es que lo cambie según el día, como cambia los aretes.
La línea Prêt-à-Porter arranca con dos modelos de 28 milímetros. Uno va en oro rosa de 18 quilates con bisel grabado Clou de Paris, un motivo geométrico formado por pequeñas pirámides en relieve. El otro va en oro blanco de 18 quilates con bisel engastado en pavé de diamantes. Esta técnica coloca los diamantes tan pegados que cubren la superficie como un pavimento. Suma 90 piedras y 1.13 quilates. La edición cápsula Disco Mini Lace sube a 32 milímetros. Lleva caja en oro blanco de 18 quilates con 60 diamantes que suman 4.4 quilates y una carátula de nácar azul. El nácar es la capa interior brillante de ciertas conchas marinas, usada en relojería por su reflejo natural.
Todas las referencias llevan el calibre de cuarzo UG-300. También tienen una batería aproximada de siete años, hermeticidad hasta 30 metros y cristal de zafiro abombado con tratamiento antirreflejante en ambas caras. Son datos discretos para una pieza cuya fuerza no está en complicar la lectura del tiempo, sino en convertir la silueta en gesto joyero.
La historia femenina que Universal Genève traía guardada
La idea de un reloj con varias correas no es nueva en la marca. A finales de los años 50, Universal Genève ya introducía correas intercambiables. Las anunciaba como todo un armario de relojes. Esa intuición hoy se acerca a lo que llamamos guardarropa cápsula: pocas piezas, varias combinaciones. En el Disco Mini, el archivo vuelve a aparecer en piel de aligátor marrón oscuro o púrpura arándano, piel en Blossom Pink y Atomic Orange, y tweed Honey Yellow o Chambray Blue. Estas últimas las elabora Julien Faure, fabricante francés de cintas vinculado con casas de alta costura.
En 1965, además, Universal Genève recibió uno de los Diamonds-International Awards por un diseño con diamantes. Sus anuncios de época hablaban de relojes brazalete a la medida de su elegancia. Todo eso se condensó en el lema Le Couturier de la Montre, el sastre del reloj. En su regreso al mercado tras décadas de inactividad, la marca no solo miró hacia iconos del coleccionismo como el Polerouter, diseñado por Gérald Genta en 1954. También abrió espacio para una pieza nueva, nacida desde su archivo femenino. Como vimos con la Baignoire de Cartier, el reloj joya pequeño vuelve a ocupar un lugar central. El Universal Genève Disco Mini no es una reedición. Es una forma de decir que esa historia también cuenta.