La exposición Patek Philippe Rare Handcrafts 2026 abrió el 18 de abril en los Salones de la marca en Ginebra. Permanecerá hasta el 9 de mayo. Son 65 piezas únicas o de edición limitada. Además, la colección incluye 23 relojes de mesa tipo Dôme, 10 relojes de bolsillo y 32 relojes de pulsera Calatrava y Golden Ellipse. Es decir, 33 piezas existen fuera del formato de pulsera. Eso, en pleno 2026, ya dice algo.
El reloj de pulsera es un invento relativamente reciente. De hecho, durante siglos el tiempo se llevó en el bolsillo, se puso sobre el escritorio o se colgó en la pared. Los relojes de mesa tipo Dôme son piezas de salón con silueta de cúpula. Fueron objetos cotidianos en las casas burguesas europeas hasta bien entrado el siglo XX. Sin embargo, hoy casi nadie los fabrica. Patek Philippe es una de las pocas marcas que sigue produciéndolos. Por eso, este año los devuelve al centro de la conversación.
La artesanía sale de la carátula
Cuando un artesano deja de pensar en una carátula de 38 milímetros y empieza a trabajar sobre la cúpula de un Dôme, el oficio cambia. Así, la superficie se vuelve un lienzo. Por ejemplo, la pieza Dent-de-lion es un reloj de bolsillo que reproduce las semillas plumosas de un diente de león. El fondo lleva guilloché a mano (una técnica casi extinta de grabado geométrico). Luego, la escena se completa con paillons (pequeñas láminas de oro insertadas bajo el esmalte translúcido). Son veinticinco cocciones a 800°C para una sola pieza.
La referencia Grand requin blanc lleva la lógica al extremo. Es un reloj de bolsillo que reproduce un tiburón blanco con micromarquetería de madera. La técnica requiere cortar y ensamblar 161 piezas de chapa más 25 incrustaciones diminutas. El marquetero usó 18 especies de madera distintas. Después integró al depredador sobre un fondo esmaltado en 16 colores. La pieza Puma retoma esa precisión con 276 piezas de madera y una escena suspendida justo antes del salto.
Stellisee se mueve en el lado opuesto del espectro. Es un reloj de mesa Dôme que retrata uno de los cinco lagos alpinos de la región de Zermatt. Lleva 30 colores de esmalte y un planteamiento ambiental claro. Méduses, en cambio, despliega una coreografía de medusas en las profundidades marinas. Usa esmalte grisalla blanco de Limoges, una técnica francesa que se modela con aguja sobre fondo oscuro. Estas piezas de Patek Philippe Rare Handcrafts 2026 cuentan escenas que en una carátula pequeña simplemente no caben.
Un atlas que termina en cempasúchil dentro de Patek Philippe Rare Handcrafts 2026
La tercera sala de la exposición es la más narrativa. Patek Philippe arma ahí un mapamundi cultural con piezas dedicadas a Escocia, China, España y México. Por ejemplo, Maison du Dragon es un reloj de mesa Dôme que rinde homenaje a Antoni Gaudí, arquitecto catalán fallecido en 1926. Así, la pieza marca el centenario de su muerte. La obra recrea uno de sus edificios más conocidos en Barcelona. Su tejado de escamas simboliza, según la leyenda, al dragón vencido por San Jorge. Por eso, el esmaltador necesitó más de 16 metros de hilo de oro y 154 tonalidades de esmalte.
El recorrido también incluye al reloj de bolsillo Flamenco y una pieza muy peculiar: el Golden Ellipse On the Rocks. Es un reloj de pulsera cuya carátula reproduce, en trompe-l’œil (ilusión óptica), un vaso de whisky con hielos. Para lograrlo, el artesano talló a mano el cristal de zafiro. Además, combinó esmalte cloisonné con guilloché en un patrón de ondas horizontales. Es probablemente la pieza más conceptualmente extraña de la colección.
México, sin embargo, aparece de forma directa en tres referencias. La Catrina es un reloj Calatrava en oro rosa con la calavera elegante de la cultura popular mexicana. Lleva 37 colores de esmalte cloisonné en la carátula. Day of the Dead es un reloj de mesa Dôme pequeño que muestra a una banda de mariachis rodeada de cempasúchil. Sí, Patek usa la palabra en náhuatl en su descripción oficial. Por su parte, The Dead Celebrate sigue la misma escena con composición distinta. Las tres llevan subtítulos casi novelescos: La reina de los muertos, Los músicos del Infierno y La flor de los muertos.
Las ediciones son mínimas: diez Catrinas, tres The Dead Celebrate, dos Day of the Dead. Es decir, quince ejemplares en total para honrar una fiesta clasificada por la UNESCO como patrimonio inmaterial. En un atlas donde caben los Alpes, Gaudí, el whisky escocés y las profundidades marinas, el cempasúchil también ocupa lugar.