En las últimas alfombras rojas, entre diamantes blancos y vestidos de tonos neutros, empezó a repetirse un detalle menos obvio. El ónice —una variedad de calcedonia, mineral de la familia del cuarzo— reapareció en aretes, collares y piezas de alto contraste. No como acento menor. Como una piedra capaz de oscurecer la joya y, al hacerlo, volverla más nítida. En ese contexto entra L’Heure du Diamant Chopard, con una carátula de ónice negro rodeada por diamantes.
Pero aquí el negro no entra como tendencia pasajera. En la tradición de piedras y cristales, el ónice se asocia con la claridad mental, la protección y la estabilidad. Además, cada lámina tiene vetas distintas, así que ninguna carátula tallada en ónice es idéntica a otra. Eso le da a esta pieza algo que ningún diamante puede ofrecer por sí solo. Le da carácter.
contraste brillante
La caja tiene forma de cojín —un cuadrado de esquinas suavizadas— y mide 30,50 mm. Está fabricada en oro blanco ético de 18 quilates. El adjetivo “ético” no es decorativo. De hecho, Chopard fue una de las primeras casas relojeras en usar exclusivamente oro de origen responsable, certificado desde 2018. Sobre esa base, la carátula es una lámina de ónice negro tallada y pulida a mano.
El bisel concentra 4.40 quilates de diamantes talla brillante. Están sujetos con el engaste corona, una técnica desarrollada por Karl Scheufele III, tercera generación de la familia al frente de Chopard. En esta técnica se utilizan garras en forma de V que elevan cada piedra. Así, la luz entra desde más ángulos y el brillo se multiplica. En consecuencia, los diamantes parecen flotar sobre el negro profundo de la carátula.
Además, cuatro diamantes marcan las horas 12, 3, 6 y 9 sobre el fondo oscuro. Las agujas son de oro blanco con diamantes engastados. Incluso la corona lleva un diamante en talla briolette. Esta talla antigua, en forma de gota facetada, es un detalle que solo se nota en la muñeca. La correa, por otro lado, es de piel de aligátor negro con hebilla también engastada.
Un calibre manufactura
Lo que distingue a L’Heure du Diamant Chopard de muchos relojes-joya es lo que lleva dentro. El calibre —el mecanismo que mueve las agujas— es el Chopard 09.01-C. Es un movimiento automático diseñado y producido en los talleres de Chopard en Fleurier, Suiza. Tiene 148 componentes, 27 rubíes y 42 horas de reserva de marcha. Es decir, si se deja en el buró el viernes por la noche, el lunes aún marca la hora correcta.
Ese detalle importa porque separa a esta pieza de los relojes-joya con movimientos genéricos. Aquí la maquinaria tiene el mismo nivel de manufactura que el engaste. De hecho, la colección L’Heure du Diamant nació en los años 70. Fue entonces cuando la familia Scheufele comenzó a unir relojería mecánica con joyería de alta gama. Karl Scheufele I recibió el título de “Maestro del reloj-joya”. Esta pieza con ónice negro es la versión más actual de esa tradición.
En L’Heure du Diamant Chopard, el ónice no está para hacer lucir a los diamantes. Es la piedra que le da tono, silencio y contorno a toda la pieza. Y el calibre que late debajo confirma que esto no es solo joyería con manecillas. Es un reloj que se toma en serio como tal.