En 1893, Tiffany creó este reloj astronómico para reunir distintas formas de medir el tiempo, no solo para dar la hora. La casa lo presentó en la Exposición Mundial Colombina de Chicago, entre vitrinas de joyería y plata. Allí, el mueble de casi dos metros y medio mostraba el tiempo civil, los movimientos del cielo y los calendarios.
La feria convirtió los avances industriales, científicos y artísticos en espectáculo público y recibió a más de veintisiete millones de visitantes. Dentro de ese escenario, Tiffany obtuvo 56 reconocimientos, según la propia casa, y el reloj mostró una capacidad técnica desarrollada durante años.
El reloj astronómico de Tiffany y sus trece carátulas
En la parte frontal, trece carátulas de plata pintada aparecen rodeadas por biseles dorados y un marco de concha de abulón californiano. Su nácar crea el fondo iridiscente de la composición, mientras la caja de amaranto suma marquetería, placas de latón y ruedas de calendario de madera. Además, un carillón Westminster hace sonar las horas y los cuartos.
El reloj sigue primero el tiempo de la vida diaria, con la hora local, la de Greenwich y la de Washington. También muestra la hora simultánea en treinta y una ciudades y un calendario perpetuo, que ajusta los meses de distinta duración y los años bisiestos. La pieza registra además las posiciones del Sol y la Luna, el amanecer, el atardecer, las fases lunares, las mareas y la ecuación del tiempo.
También hay una parte poco común: varios indicadores basados en los ciclos del Sol y la Luna se combinan para determinar la fecha de Pascua. Así, la pieza reúne el tiempo cotidiano, el astronómico y el religioso, además de contar los años transcurridos desde la Independencia de Estados Unidos.
El reloj vuelve a los Archivos Tiffany
El contador dedicado a la Independencia de Estados Unidos devuelve la pieza al presente en 2026, pero su regreso va más allá de la efeméride. Tiffany adquirió el reloj en 2025 y lo restauró durante siete meses en sus talleres de Ginebra; ahora vuelve a los Archivos Tiffany, 133 años después de su presentación en Chicago.
Cuando Tiffany presentó el reloj en esa feria, ya sumaba reconocimientos en París en 1878 y 1889, y Chicago confirmó una trayectoria construida durante años. Hoy, la pieza sobrevive como testimonio de un capítulo cerrado: el momento en que la casa buscaba hacerse visible frente a las grandes firmas europeas y demostrar, en sus mismos escenarios, que también podía competir con ellas.