En mayo de 2025, después de doce años bajo capital de Hong Kong, Corum volvió a manos suizas. La operación fue una compra interna. Pero quien la lideró no fue un inversionista de fuera, sino Haso Mehmedovic, un relojero nacido en Srebrenica. Entró a la marca en 2011 y terminó comprándola junto con otros directivos. Era además el aniversario 70 de la casa fundada en La Chaux-de-Fonds. Por eso el momento no podía ser más simbólico. Y la primera consecuencia visible de ese reinicio es la nueva colección Admiral. Por primera vez, la pieza náutica más reconocible de la marca encuentra una escala pensada para la muñeca femenina. El Corum Admiral 36 mm reúne cinco referencias. Reinterpretan la pieza desde el deseo femenino, pero sin volverla decorativa.
De los banderines náuticos a un diseño más limpio
El Admiral nació en 1960 con caja cuadrada. Pero se redefinió en 1983 con dos elementos que se volvieron firma de la marca. El primero, los banderines del código marítimo internacional —es decir, el sistema de banderas que los barcos usan para comunicarse a distancia—, integrados como índices. El segundo, un bisel de doce lados que rompía con el círculo tradicional. Era el lenguaje visual de las regatas trasladado a relojería. Pero el diseño se fue cargando con los años.
Por eso, para esta reinterpretación, Corum convocó a Emmanuel Gueit. Es decir, al ex jefe de diseño de Audemars Piguet y la mente detrás del Royal Oak Offshore de 1993. Gueit trazó las primeras líneas y el equipo EDGE de la marca cerró el desarrollo. El resultado limpia el ruido visual. Los banderines ahora se funden en índices trapezoidales aplicados. También el brazalete pasa a ser integrado, sin asas, así que la caja y el brazalete se continúan en una sola línea.
Cinco versiones del Corum Admiral 36 mm para muñeca femenina
La colección reúne cinco referencias en 36 mm —un formato más cercano a la muñeca femenina que la marca explora por primera vez en el Admiral—. La primera es la más fiel al ADN Admiral. Es decir, caja de acero, carátula azul ahumada con motivo de olas y los doce banderines de colores aplicados como índices. La segunda también es full acero, pero con carátula burdeos sunburst —un acabado de rayos solares que despierta a la pieza con luz cálida—. Las otras tres versiones suman peso joyero. Una combina bisel engastado con diamantes y carátula de nácar azul iridiscente sobre brazalete de acero. Otra propone caja de oro rosa con nácar natural y correa de caucho. La quinta también lleva diamantes, pero solo en el bisel. Su carátula es gris piedra granulada, en otras palabras, una textura que recuerda los muros de la manufactura en La Chaux-de-Fonds.
Por dentro, las cinco montan el nuevo calibre CO231, automático, con 72 horas de reserva de marcha y volante a las doce. Es además una posición rara en relojería contemporánea. La eligieron como guiño al movimiento baguette de la Golden Bridge. Visible a través de un fondo de zafiro, el calibre es la primera apuesta tangible de Mehmedovic. Es decir, la primera prueba de que reconstruir la autonomía relojera de la casa va en serio. Por eso, este Admiral 36 mm no solo estrena tamaño: también anuncia una nueva forma de leer a Corum.