DE UNA LÁMPARA DE TIFFANY A UNA CARÁTULA DE 36 MM

El Tiffany Enamel Clematis lleva a la muñeca una lámpara atribuida a Clara Driscoll y recupera la historia de las mujeres de Tiffany Studios.

Durante décadas, las lámparas florales de Tiffany se asociaron casi por completo con Louis Comfort Tiffany, hijo del fundador de la casa. Esa historia cambió en 2005, cuando una colección de cartas familiares permitió reconstruir el trabajo de Clara Driscoll y de su equipo. Driscoll dirigía el departamento femenino de corte de vidrio de Tiffany Studios, conocido hoy como las Tiffany Girls. La investigación permitió atribuirle varios diseños, entre ellos Clematis, cuyo motivo reaparece en la carátula del Eternity by Tiffany Enamel Clematis.

Las mujeres de ese departamento seleccionaban y cortaban el vidrio de muchas composiciones florales. Sin embargo, su trabajo estaba sujeto a reglas que limitaban el tamaño del equipo y su permanencia en la empresa. En 1903, el sindicato masculino de vidrieros consiguió reducir el grupo a 27 integrantes. Además, otra norma obligaba a las empleadas a renunciar al casarse, razón por la que Driscoll dejó Tiffany Studios en 1909. La autoría de Driscoll sí fue reconocida en vida: la lámpara Dragonfly recibió una medalla de bronce en París en 1900. Con el tiempo, sin embargo, su nombre quedó diluido bajo la firma de la casa.


Clara Driscoll en su taller de Tiffany Studios junto a Joseph Briggs, su asistente principal, en 1901. Ahí tomó forma parte del lenguaje floral que durante décadas quedó bajo la firma de la casa.

TIFFANY ENAMEL CLEMATIS LLEVA EL VIDRIO AL ESMALTE

No es la primera vez que una lámpara atribuida a Clara Driscoll llega a la colección Eternity. En 2025,  el reloj Wisteria retomó otro de sus diseños florales. Para Clematis, Tiffany parte de una pantalla de vidrio emplomado, formada por fragmentos de color unidos mediante tiras de metal. Después condensa ese motivo en una carátula y lo reconstruye con dos técnicas de esmalte.

Las seis flores principales están hechas en plique-à-jour, un esmalte translúcido suspendido dentro de una estructura de oro y sin fondo metálico. Gracias a esa transparencia, la luz atraviesa los pétalos y revela los diamantes engastados debajo. La técnica cambia, pero conserva la lógica óptica y modular de la lámpara.

Alrededor de las flores, casi 60 elementos de oro blanco completan la composición con esmalte champlevé, aplicado dentro de cavidades talladas en el metal. Algunos miden apenas 0.45 milímetros de ancho. Además, los dos tonos de las flores y los cuatro azules de los motivos exigieron distintas temperaturas y ciclos de cocción. Cada capa se aplicó a mano.

CIEN HORAS CONCENTRADAS EN 36 MILÍMETROS

Un patrón que antes cubría una pantalla colgante ahora se concentra en una caja de 36 mm. La carátula requiere más de 100 horas entre fabricación, engaste y ensamblaje. Cerca de 30 se destinan a colocar los 432 diamantes, y unas 55 al esmaltado y montaje de sus elementos. El bisel reúne 36 aguamarinas talla baguette que suman casi cinco quilates. Otros diamantes recorren los laterales de la caja y la corona.

La caja de oro blanco de 18 quilates alberga el calibre automático suizo LTM. La correa de piel de cocodrilo azul oscuro retoma los tonos de la carátula. El resultado conserva algo esencial de la pantalla histórica: una superficie construida por muchas manos y oficios. La luz sigue siendo parte del diseño, aunque ahora todo se concentre en 36 milímetros.

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