Un cielo especialmente bonito. Una nube que, por alguna razón, nos recuerda a algo. Una flor que aparece en un color inesperado o un animal capturado justo en ese segundo perfecto. Para Caroline Scheufele, copresidenta y directora artística de la firma, no hace falta pensar en lo sobrenatural para encontrar pequeños milagros: basta con prestar un poco más de atención. Esa idea aparentemente sencilla es el punto de partida de Miracles, la Red Carpet Collection de Chopard que se presentó en el pasado Festival de Cannes.
La relación entre Chopard y Cannes se acerca a las tres décadas. Y como partner oficial del festival, la Maison ha convertido la alfombra roja en un escaparate natural tanto para su Haute Joaillerie como para las espectaculares fantasías de Caroline. Sin embargo, esta vez la inspiración no fue tras los grandes gestos porque, como explica Scheufele, “los milagros suelen ser modestos».
Del cielo a un zafiro de 88 quilates
Cuando Chopard interpreta un “pequeño instante”, lo hace en grande gracias a su expertise en alta joyería. Una de las piezas protagonistas de la colección es un collar inspirado en el encuentro entre la tierra y el cielo, construido en oro blanco ético alrededor de un espectacular zafiro Royal Blue en corte cojín de 88 quilates. De él parten cascadas de zafiros ovalados (134.19 quilates en total), 52.45 quilates de aguamarinas y otros 36.12 quilates de diamantes.
Y el color no termina ahí. Miracles despliega esmeraldas, zafiros pastel, diamantes rosas y amarillos, tanzanitas, ópalos y berilos en piezas que se mueven entre lo clásico y lo excéntrico. Hay, por ejemplo, un brazalete de oro blanco centrado por una esmeralda colombiana cabujón de 50.99 quilates, rodeada por más de 80 quilates de diamantes de diferentes tallas. Su contraparte utiliza otra esmeralda colombiana de 50.45 quilates, pero la mezcla con 91.65 quilates de zafiros pastel, esmeraldas y diamantes.
El trabajo detrás de estas piezas ocurre en los talleres de Haute Joaillerie de Chopard en Ginebra. Desde el primer trazo del dibujo hasta el engaste final, joyeros, engastadores y lapidarios trabajan durante decenas de horas sobre cada creación. El oro ético se esculpe, las gemas se seleccionan y colocan individualmente y cada piedra se trabaja para revelar sus propias cualidades. Ese savoir-faire importa porque Miracles no pretende que la naturaleza sea únicamente una referencia estética. La colección intenta capturar precisamente aquello que la hace fascinante: que nunca se comporta exactamente igual dos veces.
Un bestiario fabuloso
Caroline Scheufele siempre le da un toque divertido a la belleza de sus colecciones, demostrando que la alta joyería puede tener sentido del humor. En Miracles continúa esa tradición con un pequeño bestiario poblado por animales reales, mitológicos e inesperados. Uno de los protagonistas es un fénix en pleno vuelo. Construido en oro rosa ético y titanio, combina 19.08 quilates de esmeraldas, 4.28 quilates de tanzanitas y 20.72 quilates de zafiros multicolor, además de amatistas y diamantes.
El agua tiene su propio representante: una carpa de oro blanco ético y titanio cuyas escamas se dibujan con diamantes y zafiros azules. Las estructuras abiertas de sus aletas producen la sensación de movimiento, como si el pez estuviera flotando en lugar de permanecer inmóvil sobre una solapa.
La fauna continúa en formatos más pequeños: hay un anillo de zorro de nueve colas construido alrededor de un ópalo blanco de 12.24 quilates; una cebra pavimentada con diamantes blancos y negros y ojos de ónix; una abeja; una libélula; un caballo y varias mariposas. Algunas flores también esconden sorpresas: dos de los anillos florales pueden transformarse en broches.
Los milagros también dan la hora
En Miracles, Chopard cruza la frontera entre joyería y relojería e incluye un reloj secreto en forma de mariposa posándose sobre una flor. Una de sus alas es móvil y se cierra sobre la carátula esmaltada para ocultar completamente la indicación del tiempo. La construcción combina oro blanco ético de 18 quilates y titanio con 6.55 quilates de diamantes, 9.44 quilates de zafiros rosas y 2.75 quilates de zafiros amarillos, rematados por una correa de satén negro. En otras palabras, mirar la hora requiere mover las alas de una mariposa cubierta de gemas.
No es el único reloj de la colección. Miracles incluye también una pieza de oro blanco engastada con más de 46 quilates de diamantes (entre ellos dos diamantes pera de tres quilates que enmarcan la carátula) y otra también decorada con decenas de diamantes a contraste con una pulsera negra de satín.
Al final, la contradicción de Miracles es precisamente lo que la hace interesante. Su inspiración está en esos instantes mínimos que cualquiera puede experimentar, pero su traducción material pertenece al terreno de lo extraordinario: piedras excepcionales, cientos de horas de trabajo y técnicas capaces de convertir un pez, una flor o el vuelo de una mariposa en objetos de Haute Joaillerie. Así que Caroline Scheufele tiene razón: no necesitamos que ocurra algo imposible para encontrar un pequeño milagro; para encontrarlos solo debemos saber hacia dónde mirar.