GILDA GARZA: LA MIRADA DE UNA ARTISTA ENTRE PINTURA, ESCULTURA Y RELOJERÍA

La artista mexicana habla de sus primeros óleos, el salto a la escultura, su trabajo en Murano y los relojes ligados a su historia familiar.

Las emociones, los recuerdos, la fe, la fortaleza y la ternura aparecen de forma constante en la obra de Gilda Garza. La artista parte de experiencias personales y entiende el arte como una forma de llegar a las personas, provocar algo en ellas y permanecer con el paso del tiempo.

El Reino de la Luz, su exposición más reciente, se presenta de manera permanente en Murano, Venecia, junto a Atelier Muranese y New Murano Gallery.

En entrevista con TDR Woman, Gilda Garza habla de los momentos, las obras y los intereses que han marcado sus diez años de trayectoria.

TDR Woman: Antes de hablar de estos diez años de trayectoria, queremos volver al principio. ¿Dónde naciste y creciste? ¿Cómo apareció el arte en tu vida y qué formación tuviste antes de dedicarte profesionalmente a él?

GG: Nací en Torreón, Coahuila, y crecí en Los Mochis, Sinaloa. El arte apareció en mi vida mucho antes de que pudiera imaginar que se convertiría en mi profesión. Crecí rodeada de arte gracias a mi mamá y a mi abuela; esa sensibilidad siempre estuvo presente en mi casa.

Recuerdo trabajar con óleo desde los siete años y sentir una fascinación especial por el color, las texturas y todo lo que podía expresar a través de una imagen.

Curiosamente, mi formación universitaria fue en Contabilidad y Finanzas. Durante muchos años el arte fue algo profundamente mío: lo necesitaba y lo disfrutaba, pero todavía no pensaba en construir una carrera alrededor de él.

Con el tiempo entendí que el lienzo comenzaba a quedarme pequeño. Quería que mis obras ocuparan el espacio, que pudieras rodearlas, tocarlas y descubrirlas desde diferentes ángulos. Así llegué a la escultura, después a formatos monumentales y finalmente al cristal de Murano.

Para mí no han sido etapas separadas. Es el mismo lenguaje que ha ido creciendo conmigo.

La mirada de una mujer se superpone a la de un león en una composición de azules, negros y dorados.

TDR Woman: Antes de 2016 pintabas principalmente para tu casa. Ese año presentaste tu primera exposición profesional y todas las obras se vendieron. ¿Qué significó ese momento para ti y qué cambió en tu manera de verte como artista?

GG: Recuerdo esa primera exposición como el momento en que mi vida cambió. Ver todas las obras vendidas fue emocionante, pero sobre todo fue una confirmación: personas que no me conocían estaban conectando con algo que había nacido de una parte muy personal de mí.

A partir de ahí todo sucedió muy rápido. Un año después, en 2017, ya estaba presentando mi trabajo en Caesars Palace, en Las Vegas, y después llegaron proyectos en Miami, Beverly Hills, Londres, México, Venecia y otros lugares.

Aquella primera exposición me enseñó algo que sigo teniendo presente diez años después: el arte comienza siendo tuyo, pero deja de pertenecerte cuando logra provocar algo en otra persona.

Parte de la intervención artística presentada en Rodeo Drive, Beverly Hills.

TDR Woman: Tu trabajo salió del lienzo y también de las galerías para ocupar hoteles, calles y espacios como Rodeo Drive. ¿Qué tuviste que aprender al pasar al volumen y qué cambia cuando una escultura convive con personas que no salieron a buscar arte?

GG: La escultura me obligó a pensar completamente diferente.

En una pintura yo controlo lo que el espectador ve dentro de un plano. En una escultura no existe un solo frente: tienes que pensar en 360 grados, en equilibrio, proporción, estructura, materiales, peso, escala y también en cómo cambia la pieza dependiendo de la luz y del espacio que la rodea.

Cuando llegué a la escala monumental el desafío fue todavía mayor. Una idea que funciona en centímetros no necesariamente funciona al llevarla a una escala mayor.

Con Rey del Poder sentí de una manera muy clara esa evolución. Ver una pieza de cuatro metros materializarse y después convivir con la arquitectura y con las personas me hizo entender que ya no estaba simplemente trasladando mi pintura a tres dimensiones. Había desarrollado otro lenguaje.

El Rey del Poder, una escultura de cuatro metros realizada con técnica mixta de polímeros y óleo.

Hoy esa escultura está en Andares, en Guadalajara. La gente se fotografía con ella, la toca, la interpreta y los niños se acercan. Con el tiempo deja de ser solamente “mi escultura” para convertirse en parte de la experiencia de quienes pasan frente a ella.

Eso cambió mi manera de crear. Hoy pienso mucho más en la experiencia que quiero provocar y no únicamente en el objeto que quiero producir. La pintura y la escultura conviven dentro de mi trabajo, y el material cambia dependiendo de lo que quiero decir.

DOCE ESCULTURAS EN MURANO

TDR Woman: El 1 de julio presentaste en Atelier Muranese, en Murano, doce nuevas esculturas de El Reino de la Luz. ¿Qué pudiste explorar en esta colección que no estaba presente en tus trabajos anteriores y qué lugar ocupa esta presentación dentro de tu trayectoria?

GG: Murano ocupa un lugar muy especial dentro de mi carrera porque llevo años trabajando y teniendo presencia ahí, pero El Reino de la Luz representa una evolución.

El cristal me permite trabajar con algo que siempre ha sido fundamental en mi obra: la luz. En Murano, la luz deja de estar representada y pasa físicamente a través de la obra. La pieza cambia dependiendo de la hora, del espacio y de quien la observa.

Una escultura en cristal dentro del espacio expositivo de Murano.

Eso abre posibilidades completamente diferentes.

Trabajar junto a los maestros vidrieros también es una experiencia de enorme respeto. Murano tiene siglos de tradición y existen conocimientos que han pasado de generación en generación. Yo llego con mi universo, mis formas y mi visión; ellos aportan un dominio extraordinario del fuego y del cristal. La obra nace de ese diálogo.

Una reina en cristal de Murano, entre color, reflejos y transparencias.

Para mí fue especialmente emocionante presentarla en Venecia porque representa justamente lo que busco en esta etapa de mi carrera: llevar una identidad artística mexicana a dialogar con grandes tradiciones artesanales del mundo sin perder quién soy.

No quiero imitar una tradición. Quiero conversar con ella.

LOS RELOJES DESDE LA MIRADA DE UNA ARTISTA

TDR Woman: Sabemos que tienes un gusto especial por los relojes. ¿Cuándo y cómo comenzó ese interés? ¿Cuál es el primero que recuerdas haber deseado o recibido y qué lugar ocupan hoy en tu vida?

GG: Mi relación con los relojes comenzó cuando era muy joven y está muy ligada a mi familia.

A los 15 años, mi mamá me regaló mi primer Rolex, el primer reloj realmente importante para mí. Creo que desde ahí entendí que algunos relojes pueden acompañarte durante toda una vida.

También crecí viendo la colección de mi abuela. Tenía una especial predilección por Patek Philippe y Vacheron Constantin, y siempre me decía que eran relojes que no perdían su valor.

Me gusta pensar que, aunque no heredé los relojes de mi abuela, sí heredé de ella el criterio para apreciarlos y el gusto por coleccionarlos. A partir de ahí construí mi propia historia.

Con los años fui formando una colección que hoy incluye relojes de Rolex, Patek Philippe, Audemars Piguet y Chanel, entre otros.

TDR Woman: Entre los relojes que tienes, ¿hay algunos especialmente importantes para ti? ¿Podrías hablarnos de dos o tres y contarnos qué historia guarda cada uno?

GG: Hay varios, pero algunas historias resumen muy bien mi relación con los relojes.

En 2016 estaba en Las Vegas y vi un Rolex Day-Date en oro blanco, con diamantes baguette y madreperla, en el aparador de una tienda de relojes del Wynn. Me enamoré de él. No lo compré, pero le tomé una fotografía.

A partir de entonces se convirtió casi en un ritual. Cada vez que regresaba a Las Vegas tenía que pasar a visitar “mi reloj”. Y ahí seguía. Lo miraba, le tomaba fotos y me iba.

En 2018 regresé y finalmente fui por él. Ahora que cuento esta historia me emociona abrir el carrete de mi teléfono y descubrir que todavía conservo aquellas fotografías del reloj antes de que fuera mío. No solamente tengo el recuerdo del día que lo compré; tengo guardada también la historia de los años en que simplemente iba a visitarlo.

Con Patek Philippe me ocurrió algo diferente, pero igual de especial. En 2019 hice una obra en la que me pinté a mí misma llevando un Patek Philippe de oro. En ese momento todavía no tenía ese reloj; era una pieza que admiraba y que imaginé primero dentro de mi obra.

Un año después, en 2020, tuve ese Patek Philippe de oro. Cuando veo aquella pintura me emociona pensar que el reloj apareció primero en mi lienzo y después en mi vida. Creo mucho en visualizar lo que quieres y trabajar para conseguirlo. Tal vez por eso, como artista, muchas veces mis sueños aparecen primero en mis obras.

Audemars Piguet también ocupa un lugar muy especial. Soy coleccionista directa de la maison y con los años he desarrollado una relación cercana con la marca y con su equipo de Rodeo Drive. Entre mis piezas tengo un Royal Oak Frosted Gold en oro blanco y un Royal Oak femenino en oro rosa al que le tengo un cariño particular, además de otros relojes.

Al final, no recuerdo mis relojes por cuánto cuestan, sino por dónde estaba, qué estaba viviendo y qué significó para mí conseguirlos. El Rolex estuvo primero en mis fotografías; el Patek, en una de mis pinturas.

TDR Woman: Trabajas con color, luz, volumen, materiales y procesos artesanales. Cuando eliges un reloj, ¿en qué te fijas primero desde tu mirada como artista? ¿Encuentras algún punto de contacto entre lo que valoras en una obra y lo que valoras en un reloj?

GG: Totalmente. Creo que mi manera de elegir un reloj se parece mucho a mi manera de relacionarme con el arte. Primero tiene que hacerme sentir algo.

Como artista me fijo muchísimo en las proporciones, los materiales, las texturas, la luz, el color y los pequeños detalles. Por eso me atraen especialmente los relojes en los que la alta relojería se encuentra con la joyería y el diseño.

Tengo, por ejemplo, un Chanel CODE COCO en BEIGE GOLD de 18 quilates con diamantes que para mí es casi una joya-escultura para la muñeca. Y encuentro esa misma fascinación por el material y la ejecución en diferentes piezas de Patek Philippe, Audemars Piguet y Rolex.

También me interesa muchísimo el trabajo artesanal que existe detrás. Después de trabajar con maestros de Murano entiendo todavía más lo extraordinario que es preservar conocimientos que requieren años —a veces generaciones— para dominarse.

Un gran reloj y una gran obra de arte tienen algo en común: puedes apreciar inmediatamente su belleza, pero cuando conoces lo que existe detrás de su creación, adquieren otra dimensión.

Y hay otro concepto que para mí es fundamental: la permanencia. Quizá ahí sigue presente la influencia de mi abuela. Me gustan las piezas que pueden trascender a quien las posee. Eso es precisamente lo que busco también con mi propia obra: crear algo que hoy provoque una emoción, pero que pueda permanecer y contar una historia muchos años después de nosotros.

F.P. Journe KING, obra comisionada a Gilda Garza por la boutique F.P. Journe de Los Ángeles y presentada en febrero de 2023.

Garza también forma parte del Consejo Asesor de World Woman Foundation, una organización que trabaja con la meta de empoderar a un millón de mujeres para 2030. Su participación responde a una idea que también forma parte de su práctica artística: usar su trabajo para ayudar. Conoce más de sus obras y proyectos en gildagarza.com

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