La colección RM 07-01 Coloured Ceramics de Richard Mille llega a su último capítulo, pero esto no tiene nada de nostálgico. Más bien se siente como ese momento en el que, al cerrar un ciclo, todo lo que se hizo antes empieza a tener sentido. Desde 2021, esta firma ha explorando el color con bastante libertad (algo que agradecemos en un mundo invadido de tonos neutros). Y también ha mezclado sin miedo materiales, texturas e inspiraciones. Así que estas tres nuevas piezas que presentan como cierre, funcionan también como una buena síntesis de sus experimentos.
Desde el nacimiento de esta colección hemos visto un guiño claro a los años 80. Hay contrastes, combinaciones inesperadas y una energía visual potente que evoca la estética del grupo de diseño italiano Memphis Milano (también conocido como Grupo Memphis). Un colectivo que entre 1980 y 1987 usó el color y la abstracción para expresar un valor emocional que contrarrestara el funcionalismo y el minimalismo que dominaban la época. Claro, esto es un reto directo a lo que se suele considerar “buen gusto”, de modo que se volvió un estilo sin opiniones grises: al Memphis lo odias o lo amas por ser, como dijo el consultor de industrias creativas Bertrand Pellegrin “una boda forzada entre la Bauhaus y Fisher Price”. Siendo siempre provocadora, era natural que Cécile Guenat —directora de creación y desarrollo en Richard Mille— encontraría en estas ideas una inspiración perfecta para hacer relojes disruptivos y potentes.
Materiales que aportan textura
Los tres modelos de este año —Blush Pink, Lavender Pink y Powder Blue— están hechos en cerámica TZP, un material tan resistente como complejo de trabajar. Sobre todo al realizar el trabajo de engaste que, en este caso, requirió de una gran precisión para colocar diamantes, zafiros, rubíes y tsavoritas.
Pero la carátula es probablemente la parte más interesante. Sus juegos geométricos, además de la referencia al trabajo de Memphis Milano, nos recuerdan a las increíbles formas que el artista mexicano Manuel Felguérez hizo en su serie de serigrafías La máquina estética. Buscando una conexión en el arte y la ciencia, a finales de los años 70 Felguérez utilizó una computadora de la que obtuvo dibujos que luego él convirtió en bocetos y, finalmente, en parte reconocible de su lenguaje artístico. Ahora considerado un pionero del trabajo creativo con IA, el mexicano estuvo incluso adelantado al diseño Memphis en un camino que tiene un bonito paralelismo con el deseo de Richard Mille de hacer, literalmente, máquinas estéticas.
Una obra de arte no debe estar bajo llave
Las proporciones de esta colección —31,40 x 45,23 mm— la colocan en ese punto interesante donde las piezas se sienten presentes sin ser invasivas. Son relojes ligeros, cómodos y suficientemente resistentes para el día a día (incluso pueden sumergirse hasta 50 metros).
Además, aquí hay algo que conecta bien con una nueva forma de coleccionar tanto relojes como arte: estas piezas que no están hechas para guardarse. Al contrario, un reloj así está diseñado para usarse tanto como se pueda. Sus colores, en lugar de ser una limitante en un cada vez más desabrido momento del lujo, abren posibilidades hasta de conversación. Y es que además de su estética y todo aquello que con ella pueden recordarnos, su exclusividad llama la atención: solo hay 50 piezas de cada versión.