Hay algo que siempre me ha parecido interesante sobre los primeros años de la aviación. La mezcla de riesgo, intuición y valentía que se necesitaba para despegar cuando literalmente todo era nuevo. Durante mucho tiempo, esa historia se ha contado desde una perspectiva masculina pero también hubo mujeres. Mujeres que aprendieron a volar incluso cuando el mundo dudaba de ellas. Con motivo del Día Internacional de la Mujer, Longines decidió volver a estas historias. Entender cómo las primeras aviadoras ayudaron a definir una relación muy importante entre relojería de precisión y exploración aérea.
Cuando la aviación estaba en sus incios, medir el tiempo con exactitud era una cuestión de orientación y supervivencia super importante. En ese contexto, los cronógrafos de la marca empezaron a formar parte de las cabinas abiertas de varias pilotos que estaban redefiniendo lo que una mujer podía hacer en el cielo. Entre ellas está Amelia Earhart, una de las aviadoras más reconocidas de su generación. Durante sus vuelos transatlánticos de 1928 y 1932 llevaba un cronógrafo Longines con calibre 13.33Z. El cual usaba para calcular los tiempos de navegación, en una época en la que todavía no existía el GPS. Y este reloj representaba algo importante, y no solo la precisión, sino que ayudó a una piloto a ir más allá de los límites de su época.
Precisión mecánica en una era de cabinas abiertas
Además de hubieron varias aviadoras pioneras que confiaron en instrumentos Longines en sus vuelos de récord. En el que integraron la relojería en un momento clave de la historia de la navegación aérea. Amy Johnson, por ejemplo, realizó en 1930 un vuelo en solitario desde Inglaterra hasta Australia, recorriendo cerca de 17,700 kilómetros en 19 días. Su reloj de piloto Longines estaba regulado para marcar hora sideral. También está Elinor Smith, considerada una prodigio del aire. Ya que a los 16 años ya tenía licencia de piloto y poco después comenzó a batir récords de altitud. Durante uno de esos vuelos llegó a los 9,929 metros, apoyándose en instrumentos Longines para medir el tiempo con precisión mientras establecía un nuevo récord.
Y otra figura clave es Jacqueline Cochran, quien en 1937 rompió el récord femenino de velocidad entre Nueva York y Miami utilizando un reloj Longines Weems Second-Setting con bisel giratorio. Este sistema permitía sincronizar con exactitud las señales horarias de radio. Cochran acumulo más de 70 récords mundiales y en 1953 se convirtió en la primera mujer en romper la barrera del sonido. A esta generación también pertenece Ruth Nichols, una piloto que llegó a poseer simultáneamente récords internacionales de altitud, velocidad y distancia. Durante sus vuelos confiaba exclusivamente en instrumentos Longines,incluso en condiciones extremas como temperaturas bajo cero y fallos mecánicos en pleno ascenso.
Una herencia que sigue despegando
El homenaje que plantea Longines este año es que se mire hacia el pasado pero sobre todo al presente. Con figuras como Géraldine Fasnacht, snowboarder profesional, piloto y especialista en wingsuit. Representando hoy ese mismo espíritu explorador, con expediciones extremas, vuelos desde cumbres y una conexión con la naturaleza. Vista desde hoy , y sí, también desde una perspectiva feminista, esta historia se siente diferente. Durante décadas la relojería se contó a través de exploradores, pilotos e ingenieros. Mirar otra vez a estas aviadoras cambia el enfoque. Y no es solo celebrar récords, es reconocer que las mujeres también estuvieron ahí construyendo la aviación moderna.
Para una nueva generación, ese tipo de legado importa, porque muchas de ellas están interesadas en piezas con historia real. Y no porque convierta a un reloj en un símbolo ideológico, sino porque amplía la conversación sobre quiénes han construido el mundo de la relojería y la exploración. Si algo queda claro al recordar estas historias es que el espíritu pionero rara vez pertenece a una sola época. Las aviadoras de los años veinte y treinta volaron en un momento en el que cada despegue implicaba un riesgo, y aun así decidieron hacerlo. Hoy, casi un siglo después, sus historias siguen inspirando y recordándonos que la curiosidad y la precisión también pueden abrir nuevos caminos.