La inspiración directa es el Jugatsu-zakura, un cerezo japonés que puede florecer en octubre. Sus flores blancas y rosas aparecen cuando el árbol convive con hojas de otoño, y ese detalle le da sentido al Senator Meissen “Cherry Blossom”: no es solo un reloj con una flor de cerezo sobre la carátula, sino una pieza ligada al mes en que se presenta.
Glashütte Original toma esa idea para una nueva versión del Senator Meissen, realizada junto con Meissen, la manufactura alemana de porcelana. El reloj conserva una silueta limpia: caja de oro rojo de 40 mm, correa azul de aligátor Louisiana y dos agujas de oro. La carátula queda casi libre para que las ramas pintadas ocupen el espacio sin competir con índices o números.
El resultado se siente más cercano a una miniatura pintada que a una carátula decorada. Sobre el fondo blanco de porcelana aparecen ramas oscuras, flores rosas y pequeños brotes. El oro rojo suma calidez, mientras que la correa azul baja el tono dulce de la flor y le da contraste.
La carátula como pequeña pintura
La parte más delicada del reloj no nace en Glashütte, sino en los talleres de Meissen. La carátula se trabaja en porcelana blanca y después recibe el motivo floral con pinceles finos. No hay una placa impresa ni una decoración aplicada al final: cada flor se pinta a mano.
El proceso también explica por qué la pieza necesita una carátula tan despejada. Después de cada capa de color, la porcelana pasa por un horno a 900 °C para fijar profundidad e intensidad. En una superficie tan delgada, cualquier exceso visual pesaría. Por eso el reloj se queda solo con horas y minutos.
En el Senator Meissen “Cherry Blossom”, esa limpieza no funciona como ausencia, sino como espacio para la pintura. Las ramas, las flores y los pequeños brotes ocupan la carátula sin competir con índices o números, mientras la caja de oro rojo y la correa azul mantienen el foco en la porcelana.
El lado mecánico queda al reverso
Aunque la carátula se lleva casi toda la atención, el reloj también tiene una parte mecánica importante. Al reverso aparece el Calibre 36-16, un movimiento automático de manufactura con 100 horas de reserva de marcha. En términos simples, puede quedarse varios días sin usarse y seguir funcionando.
El movimiento trabaja con una espiral de silicio, un componente pensado para resistir mejor el magnetismo y los cambios de temperatura. También permite ajustar la hora con precisión: cuando se saca la corona, el mecanismo se detiene por un momento para hacer el cambio con mayor exactitud.
A través del fondo de zafiro se ven acabados propios de Glashütte, como la platina tres cuartos con franjas, el gallo de volante grabado a mano y el rotor esqueletizado con el doble emblema G. Es un cierre discreto para la pieza: la carátula mira hacia la porcelana pintada y el reverso deja ver el trabajo mecánico que la sostiene.