Louis Vuitton abre el año de celebración por los 130 años del Monograma, uno de los códigos visuales más persistentes del diseño moderno. Fue creado en 1896 por Georges Vuitton como una patente para proteger la autoría de la marca frente a la imitación… lo cual es irónico porque se convirtió en uno de los elementos más replicados por la piratería. Con el tiempo, adquirió una dimensión cultural que lo transformó en un lenguaje propio y en un ícono del mundo del lujo.
Lejos de una conmemoración nostálgica, el aniversario propone una lectura contemporánea del Monograma. Lo hace a través de sus bolsas más emblemáticas —Speedy, Keepall, Noé, Alma y Neverfull— y de nuevas colecciones cápsula que reinterpretan su herencia desde distintos ángulos del savoir-faire. El resultado confirma al Monograma no como un símbolo fijo, sino como un sistema en transformación constante.
Un origen entre arte, protección y modernidad
El Monograma surgió en un contexto marcado por el neogótico, el japonismo y el nacimiento del Art Nouveau. Georges Vuitton integró estas influencias en una composición donde las iniciales LV dialogan con flores estilizadas y formas geométricas. El equilibrio entre ornamentación y legibilidad fue sumamente importante. Registrado oficialmente en 1897, el diseño se concibió para reproducirse en distintos materiales, manteniendo precisión y coherencia visual como parte de la identidad de la marca.
Desde los primeros baúles de tapa plana hasta la evolución hacia bolsas flexibles, el Monograma acompañó el desarrollo del viaje moderno. Técnicas como el pochoir aplicado a mano y, más tarde, la introducción del canvas flexible en 1959 reforzaron su vínculo con la innovación.
Del equipaje a la joya: materia, técnica y reinterpretación
Las colecciones aniversario reinterpretan el Monograma desde tres territorios complementarios. Monogram Origine que recupera el espíritu del motivo original mediante un nuevo canvas de lino y algodón con acabado satinado, inspirado en archivos históricos de Louis Vuitton. VVN pone el foco en la piel natural curtida con vegetales, donde la pátina que aparece con el tiempo forma parte de la experiencia del objeto. Y Time Trunk, por su parte, traduce el archivo maletero en un ejercicio visual contemporáneo mediante estampados trompe-l’œil de alta precisión.
Esta expansión alcanza también el universo de la joyería. El collar con candado en oro, inspirado en los cierres de los baúles históricos de Louis Vuitton, condensa esa herencia en una escala íntima. El candado como símbolo de protección, viaje y pertenencia, se transforma en una pieza depurada. Está pensada para llevarse como un gesto cotidiano, no como una declaración ostentosa. Aquí, el Monograma deja de ser superficie y se convierte en un objeto.