Una pareja enamorada se besa bajo el cielo de París. La frase, que podría ser el íncipit de una novela romántica, es la descripción de la carátula de un reloj. El Lady Arpels Bal des Amoureux Automate, la continuación de una historia que nació en 2010 con el lanzamiento de Pont des Amoreux. Dicha pieza —con la que Van Cleef & Arpels se llevó el primer GPHG dedicado a las complicaciones poéticas y del que presentan nuevas versiones este año— mostraba un encuentro nocturno de dos amantes en un puente parisino.

Pero ahora, esas figuras que se acercaban o alejaban según el ritmo marcado por las horas y minutos con doble movimiento retrógrado, protagonizan un nuevo capítulo de su historia. En Bal des Amoureux Automate, los enamorados se encuentran en otro escenario. Una tradicional guinguette, que es como se llaman los tradicionales bailes al aire libre que es posible ver en algunos cafés y bistrós de los suburbios de París.
Al mediodía, la medianoche y siempre que se presione un botón situado en la caja del reloj, las figuras comienzan su danza. Podemos verlas acercándose e inclinándose una hacia la otra mientras sus brazos se entrelazan y luego bajan para que puedan besarse. Una animación compleja debido a lo realista de los movimientos y a las dimensiones de una caja que debía permanecer delgada. Superar este desafío requirió de un movimiento nuevo. Y este, a su vez, exigió cuatro años de trabajo: “Queríamos ofrecer a estos amantes los movimientos más naturales posibles. La dificultad residía en conseguirlos sin alterar la precisión del mecanismo”, explica Rainer Bernard, jefe de investigación y desarrollo de relojería de Van Cleef & Arpels.
Bal des Amoureux Automate: un reto técnico para Van Cleef & Arpels
Bernard y su equipo consiguieron que este movimiento automático con autómata —hasta ahora inédito en las colecciones de la Maison— tuviera las dimensiones exactas para ocultarse bajo la carátula decorada con esmalte grisaille, una técnica francesa que data del siglo XVI. Este trabajo requiere maestría y paciencia, ya que implica 40 horas de trabajo y una docena de cocciones en horno. Además, fue más meticuloso de lo normal porque cada carátula cuenta con cinco planos diferentes para lograr el efecto de profundidad que nos permite apreciar el claroscuro de la noche estrellada, los edificios y adoquines de la calle, las farolas encendidas y, por supuesto, las horas y minutos en doble sistema retrógrado. Así que, como puede verse, en el Bal des Amoureux Automate de Van Cleef & Arpels tenemos saber hacer relojero, dominio de los métiers d’art y hasta un nuevo movimiento para una complicación poética reunidos en un solo reloj. Y todo por un beso.
