Elemento recurrente en sus creaciones, para Hermès la presencia del caballo es un homenaje a sus raíces ecuestres y un símbolo de la rebeldía y el movimiento de la naturaleza creativa. Obvio en su logotipo, en decenas de mascadas de seda y en relojes cuyas carátulas se dibuja su silueta, ahora se presenta de un modo más sutil en Into the Horsescape, la novena colección de alta joyería de la Maison. Aquí podemos estar de acuerdo en algo: el caballo casi no se ve. Pero una vez que te fijas, está en todas partes; en una curva que recuerda un bocado, en la tensión de un lazo, en la estructura de un estribo o en la fuerza silenciosa de un clavo de herradura convertido en objeto precioso.
Pierre Hardy, director creativo de joyería de Hermès, define esta colección como “metonímica”: una propuesta en la que el caballo no necesita aparecer literalmente para activar todo su universo simbólico. La idea principal fue evitar lo obvio y, en lugar de reproducir la figura ecuestre, se tomaron fragmentos de su mundo (ya sea herramientas, accesorios o gestos, ritmos) para transformarlos en joyas que hablan de libertad, fuerza y sensualidad. En total, 90 piezas que funcionan como un territorio sensorial que hace referencia a las Grandes Llanuras, a las amazonas, a los caballos de la mitología y a los objetos funcionales que han acompañado la relación entre humanos y caballos durante siglos.
Into the Horsescape: Líneas, cuerpo y movimiento
Visualmente, la colección parte de una línea. Esta línea se tensa, se aleja de la piel, vuelve a ella, rodea el cuerpo o lo acompaña. Al ser creadas bajo ese principio, estas joyas no son piezas estáticas; algunas son flexibles y sensuales, y otras se ven más arquitectónicas, pero todas buscan aportar movimiento. Para lograrlo, su diseño está hecho para vincularse con el cuerpo de modo natural, como podemos ver en las body jewels, los brazaletes envolventes, los collares tipo peto o las sortijas que reinterpretan la cabeza de un caballo desde una estética casi escultórica.
La técnica también tuvo como prioridad dar esta sensación. Los sistemas de cierre se esconden, las articulaciones permiten que las piezas se adapten al cuerpo y las formas parecen seguir una lógica orgánica. La funcionalidad, tan importante en Hermès, ahora se presenta de un modo tan sutil que es casi invisible y todo lo que antes era herramienta como un estribo, un lazo, una hebilla o un clavo, deja de ser visto como un elemento utilitario para volverse objeto de deseo.
Piedras que cuentan historias
Los materiales que se eligieron, también son parte del discurso de esta colección. El negro profundo del jade o de ciertas piedras tahitianas recuerda el brillo de los cascos; el oro rosa y los diamantes marrones evocan la calidez del pelaje del caballo; el oro blanco completamente pavé se convierte en luz pura. Pero, además, estos juegos de gemas y metales van cambiando en las diferentes líneas de la colección. Por ejemplo, en Lasso Disco, la estructura torcida de un lazo se traduce en oro y diamantes baguette; Étreintes tiene curvas inspiradas en bocados ecuestres y esmeraldas intensas; en Étriers la forma simple del estriboes punto de partida para crear piezas con piedras como moonstone, ojo de tigre y ópalos; y Clou de forge lumière convierte el clavo de herradura en un motivo radiante de oro y diamantes.
En Into the Horsescape también aparece Sellette, inspirada en una silla de montar miniatura del siglo XVIII perteneciente a la colección Émile Hermès. La pieza se reduce de nuevo hasta adaptarse a la escala de la muñeca, conservando sus detalles a través de titanio satinado negro, oro cincelado y diamantes. Es uno de los ejemplos más claros del objetivo de la colección: hacer que un objeto funcional se convierta en una joya que no suaviza sino que intensifica su origen.