Cada 7 de julio, los japoneses celebran Tanabata, la fiesta de las estrellas. La tradición cuenta la historia de dos amantes separados por la Vía Láctea: una princesa tejedora y un pastor, quienes convertidos en las estrellas Orihime (Vega) y Hikoboshi (Altair) solo pueden verse una noche al año cuando una bandada de grullas forma un puente entre ambas orillas del río celeste… Para nosotras, pensar en Altair y en contener su historia en un reloj es romántico y fascinante, aunque no la única razón por la cual apreciar su simbolismo. Para Bell & Ross, Altair también es una forma de convocar fuerza, libertad y poder. Y es que se trata de la estrella más brillante de la constelación del Águila (su nombre significa ‘el águila voladora’), una de las formas del dios griego Zeus que siendo un ave conectaba la tierra con los cielos, como ahora hace la aeronáutica, el ADN de esta casa relojera. Razón por la que esta figura celeste, una de las más antiguas que se conocen, protagoniza de la carátula del nuevo Bell & Ross BR-05 Blue Diamond Eagle 36 mm.
Un accidente veneciano y un cielo de bolsillo
La carátula del Bell & Ross BR-05 Blue Diamond Eagle 36 mm está hecha de aventurina, un vidrio con incrustaciones de cobre que produce un efecto de cielo estrellado. Su historia es tan curiosa como su apariencia. Hacia 1620, en los talleres de vidrio de Murano, cerca de Venecia, un artesano dejó caer limaduras de cobre en vidrio fundido por accidente. El resultado fue un cristal oscuro con destellos metálicos, como si alguien hubiera atrapado un pedazo de noche dentro de un frasco. Lo llamaron avventurino, que en italiano quiere decir “por casualidad”. Cuatro siglos después, ese material recubre la carátula de esta pieza en un tono azul profundo. Sobre ese fondo, siete diamantes reproducen la posición exacta de las estrellas de la constelación del Águila. No están puestos al azar: el más grande, ubicado entre las 10 y las 11, representa a Altair, la estrella principal de la constelación. Los demás trazan las alas y la cola del ave. En total, la carátula lleva 18 diamantes en tres tamaños distintos. Siete dibujan la constelación y once funcionan como marcadores de hora. Todos están engastados a mano con precisión de micras.
El BR-05 Blue Diamond Eagle por dentro: 36 mm con ADN de cabina de avión
La caja de acero del Bell & Ross BR-05 Blue Diamond Eagle 36 mm combina acabados satinados y pulidos. Mide apenas 8.7 mm de espesor, cómoda bajo el puño de una camisa o junto a un brazalete. Por dentro, el calibre BR-CAL.329 es automático y ofrece 54 horas de reserva de marcha; es decir, puedes pasar más de dos días sin darle cuerda. La tapa trasera lleva grabada con láser la constelación Aquila, un detalle que solo ve quien se lo pone.