Cada ciclo lunar es un susurro de reinvención. En esa misma sintonía, Longines reinventa a PrimaLuna, una colección que se siente como un rito íntimo entre mujer y tiempo. Su caja de 34 mm evoca la redondez serena de la luna llena, mientras que los grabados de crecientes lunares en la corona parecen guardar un secreto para quien lo porta. PrimaLuna es un reflejo de cómo la feminidad habita la elegancia, siempre en movimiento, siempre atemporal.

Entre historia y modernidad
Más de un siglo de savoir-faire acompaña a Longines en su relación con la relojería femenina. Desde piezas engastadas con gemas en el siglo XX hasta complicaciones contemporáneas, la maison ha sabido captar esa dualidad de la mujer. Sofisticación clásica y modernidad vibrante. PrimaLuna 2025 se sitúa en esa intersección, hereda el linaje de la elegancia suiza y lo traduce en un lenguaje fresco, actual y profundamente íntimo.

El lenguaje de la precisión
La poesía también se mide en segundos. Por primera vez, la complicación de fases lunares se acompaña de una indicación de fecha, impulsada por el calibre automático L899.5 con espiral de silicio. Este corazón mecánico —resistente a campos magnéticos, al calor y al olvido— late con la misma constancia que las fases de la luna. Hasta 72 horas de reserva de marcha convierten a PrimaLuna en una promesa: la precisión puede ser delicada, y la técnica puede ser femenina sin perder fuerza.

Zafiros, diamantes y un cielo en la muñeca
La colección PrimaLuna despliega su encanto en tres carátulas que son distintas fases de un mismo cielo. La clásica plateada, con decoración rayos de sol y números romanos pintados en azul o negro, encarna una sofisticación atemporal que refleja la luz en cada movimiento. Para quienes buscan un lujo más contemporáneo, la versión en nácar blanco engastada con índices de diamantes aporta destellos de brillo sutil.

El punto culminante llega con la carátula de nácar azul celeste, embellecida con 14 diamantes y rodeada por un bisel engastado con 48 zafiros en degradé, una constelación que vibra entre técnica y poesía. Cada detalle —desde las agujas estilizadas en rodio, azul, dorado u oro rosa hasta el brazalete de eslabones en media luna o la correa de piel— confirma una identidad inequívocamente femenina, elegante y celestial.