Louis Moinet y el reloj que lleva un trocito de Luna

El Skydance de Louis Moinet retoma al Sol y la Luna como origen simbólico de la medición del tiempo.

El Skydance de Louis Moinet lleva en la carátula un fragmento real de meteorito lunar. Para entender por qué esa idea tiene sentido, conviene volver al hombre detrás de la marca. Louis Moinet nació en Bourges, Francia, en 1768. A los 20 años se fue a Roma, donde pasó cinco años estudiando arquitectura, escultura y pintura. Después se instaló en Florencia para aprender el grabado de piedras finas. A su regreso a París, fue nombrado profesor en la Academia de Bellas Artes, dentro del Louvre.

El reloj que Louis Moinet creó para Napoleón en 1806. Hoy se conserva en el Museo Speelklok de Utrecht.

Fue, al mismo tiempo, pintor, escultor, astrónomo y relojero. Trabajó junto a Abraham-Louis Breguet —considerado el padre de la relojería moderna— y en 1816 completó el primer cronógrafo de la historia. Un instrumento capaz de medir sesentavos de segundo, concebido para seguir el movimiento de las estrellas. Pero Moinet no se dedicó solo a los instrumentos científicos. Sus relojes de péndulo fueron encargados por Napoleón Bonaparte, Thomas Jefferson, James Monroe, el rey Jorge IV y el zar Alejandro I.

Skydance: meteorito lunar, nácar y un sol que gira cada 60 segundos

Así que, considerando la trayectoria del fundador de la marca, resulta obvio que el Skydance no es una ocurrencia aislada. Se trata más de una continuación natural del universo de Louis Moinet. Una nueva apuesta femenina que vuelve al Sol y la Luna como símbolos del tiempo. La carátula de nácar —la capa iridiscente del interior de ciertas conchas— organiza una composición de dos mundos. Arriba, una media luna dorada descansa sobre un disco de meteorito lunar genuino: un Dhofar 457. Es un fragmento de roca desprendido de un cráter lunar que cayó en el desierto de Omán y fue hallado en 2001.

Abajo, un sol dorado brilla sobre un fondo de aventurina. Hay dos discos de sol superpuestos: uno fijo y otro que gira impulsado por el movimiento automático, completando una vuelta cada 60 segundos. Un anillo metálico sobre el nácar conecta ambos elementos como si formaran parte de una misma órbita. Las manecillas tienen forma de gota de rocío, en níquel negro con material luminiscente.

La caja mide 35.6 milímetros y está hecha de titanio grado 5 —una aleación ligera y resistente— con bisel de cerámica blanca. Lleva 11 diamantes VVS como marcadores de hora. El calibre LM58 es automático, con 28 rubíes y 42 horas de reserva de marcha. Se ofrece en dos versiones, ambas limitadas a 28 piezas. Una lleva 6 diamantes en el bisel y otra 60, uno por cada minuto de la hora.

220 años después, la Luna sigue en un Louis Moinet

Skydance llega en un año con doble aniversario para la marca. 2026 marca 210 años del primer cronógrafo de Moinet y 220 del reloj que hizo para Napoleón. Aquel péndulo de 1806 ya llevaba la Luna integrada en su mecanismo. Dos siglos después, esa misma fascinación por el cielo reaparece en 35.6 milímetros de titanio, con un fragmento real de roca lunar en la carátula.

La marca ya había trabajado con meteoritos en piezas como Cosmopolis —el reloj con récord Guinness por integrar 12 meteoritos distintos— y en Skydance retoma esa línea con un fragmento específicamente lunar. Y ahí, para nosotras, está su mejor idea: usar el Sol y la Luna no como un adorno, sino como una referencia al origen de la medición del tiempo.

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